Lunes 5. Me estoy tomando unas vacaciones. Escribo este dietario. Leo por las noches. Duermo a las ocho de la mañana. El horario de escritura lo llevo en el organismo y es difícil de arrancarlo. Hoy me enteré de que vivo muy cerca de Lasagna.
Martes 6. Hablo con N, la única persona con la que tengo confianza, la única que conoce todo lo que callo. N es editor, pero es un editor atípico porque lee y escribe, y aquí está mal visto que un editor escriba porque eso es quitarle el trabajo al autor. Le cuento que una pequeña frustración irresoluble me quita el sueño. N me dice que haga como él, que lea a Góngora. En tiempos oscuros, siempre Góngora.
Miércoles 7. He comprado un puñado de libros solo porque estaban en descuento. Uno de ellos es Un caballero en Moscú, de Amor Towles. La pandemia ha forzado a que muchas librerías desempolven sus páginas web. Si hay descuentos tentadores, no dudo en sacar la tarjeta de débito y meter muchas novelas al carrito de compras. Luego toca esperar unos días hasta que lleguen. Y llegan. Y es una maravilla.
Jueves 8. Lasagna es un exeditor venido a menos. Tuvo un pequeño apogeo cuando era burócrata de la cultura, pero ahora nadie lo recuerda. Hace poco nos vimos fuera del edificio donde vivo. Es novio de la vecina que habita frente a mi casa. La inevitable y bastarda coincidencia.
Viernes 9. Leo una novela de Francisco Umbral, Leyenda del César Visionario. La leo a sorbos porque me gusta cada línea de Umbral, el imprevisible uso de los verbos, la adjetivación insólita. Lasagna y su novia, por otra parte, han montado un escándalo. No es necesario acercarme a la puerta. Los escucho ladrar mientras estoy aplastado en el sofá.
Sábado 10. Mañana hay elecciones presidenciales. Algunos de mis amigos dicen sin miedo por quién van a votar (decir algo sin miedo es ponerlo en redes). Por la tarde recibo unos libros que pedí por internet. Leo menos de lo que compro. Llevo poco tiempo de haberme mudado a este departamento y me urge un estante.
Domingo 11. Me gustaría pagarme una suscripción a Mubi y ver películas todo el día, todos los días. Hoy en Netflix he visto Run, un muy recomendable largometraje de suspenso (es conciso y potente). El miedo vino después, cuando K y yo vimos los resultados a boca de urna de las elecciones presidenciales.