Diethell Columbus Murata

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La principal reforma…

La designación de un nuevo presidente del Consejo de Ministros siempre es el momento ideal para retomar la discusión de temas importantes para el desarrollo del país como, por ejemplo, la necesaria y urgente reforma laboral a la que tanto pánico le tiene la izquierda peruana. Esa misma que se ufana de ser la “defensora” de los trabajadores.

Lo indignante es que estos luchadores sociales de cafetín dicen ser “pro trabajador” y, sin embargo, les importa muy poco la incertidumbre y abandono de millones de peruanos que laboran en la absoluta informalidad. Claro, para estos es muy cómodo teorizar sobre la generación del empleo ideal mientras cobran jugosas consultorías que no aportar ninguna solución.

Por ello, es necesario retomar el debate respecto de esta necesaria reforma, empezando por resaltar algunas cifras que todos debemos tener en cuenta. Por ejemplo, resulta capital que seamos conscientes que alrededor de 12 millones de trabajadores (73% PEA) no cuenta con un contrato de trabajo, vale decir, tienen cero derechos laborales.

Asimismo, debe tenerse en cuenta que, si hablamos del futuro de nuestro país, entonces, estamos obligados a preocuparnos también por su presente (nuestros jóvenes). Según la fundación Forge Perú, el 82% de la juventud peruana labora en la informalidad, en otras palabras, no gozan de ningún beneficio social o laboral. ¡Cero derechos!

Por otra parte, la generación de empleo formal en el sector de las MYPE, uno de los principales pilares de nuestra economía, es preocupante. Según cifras de la autoridad de trabajo, difundidas en varios medios, solo 1 de cada 10 trabajadores tiene un contrato laboral. Ergo, 90% de los trabajadores MYPE no saben lo que es gozar de vacaciones remuneradas, no tienen protección médica o contra accidentes ni les interesa la discusión sobre los problemas de la ONP o de las AFP porque nunca tendrán una pensión si las condiciones actuales se mantienen.

Huelgan comentarios respecto a la necesidad de que los poderes Ejecutivo y Legislativo aprueben una reforma que rompa el circulo vicioso de la informalidad laboral en nuestro país, incluso si ello significa que se flexibilicen ciertos estándares de contratación formal. Debe quedar claro para todos que la pobreza no desaparece con asistencialismo social sino con la generación de empleo formal.

La reforma laboral no será fácil, pero se tiene que hacer. Millones lo agradecerán. Por ello, no hay que temerle a los chillidos de un grupúsculo siniestro a los que, queda claro, poco o nada le interesa combatir la pobreza a través de la formalización laboral, pues lo único que les preocupa es que su prédica egoísta sobre la “lucha de clases” no pierda vigencia, así deban sacrificar el bienestar de nuestras familias.

¡Reforma laboral ya!





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