Tengo mas de cincuenta anos vinculado a Torre Tagle y he alcanzado la máxima categoría en el Servicio Diplomático, mediante esfuerzo desplegado en consulados, embajadas bilaterales y organismos internacionales.

Ello me permite afirmar, con mayor conocimiento, que la Cancillería es una institución que reúne a los mejores profesionales. En tiempos de pandemia cientos de diplomáticos se han expuesto -algunos fallecieron y otros se contagiaron- en este esfuerzo de ser la primera línea de la defensa nacional y servir a los peruanos más allá de las fronteras, en circunstancias muy difíciles.

No es raro que les corresponda a estos servidores alguna celeridad en vacunarse. Así lo demostró el Decano del Cuerpo Diplomático, el Nuncio, que busco una vía rápida, para ello.

Conozco asimismo a los colegas ahora acusados de hacerse inmunizar. Todos con una excelente trayectoria profesional. Causó por ello sorpresa en Torre Tagle el hecho de que uno de los funcionarios, vacunados el mes de octubre -con familia y allegados- fuera ascendido a Embajador en primer puesto. Caso extraño porque se trata de un funcionario rezagado que tenía quince años en la categoría. Como en octubre no hay milagros, es importante encontrar al Santo, que hizo esto posible. Ello nos podría dar la pista sobre posibles irregularidades graves, en detrimento de colegas que no fueron ascendidos. Las promociones son oportunidad para fortalecer la Institución, reconociendo su servicio a la Nación, lo que en la pandemia debió hacerse más bien con aplicación de vacantes o ascensos extraordinarios a quienes verdaderamente lo merecen.

En mi carrera en Cancilleria me tocó trabajar en el área de cooperación técnica y financiera – en la que también, en parte de su brillante carrera, trabajó el ilustre canciller Allan Wagner. Ahí pude percibir que había entidades extranjeras que, aprovechando la buena fe sobre un trabajo conjunto, intentaban actuar en el Perú con propósitos distintos a los de su denominación.

Este podría ser el caso de la agrupación que actuó bajo la fachada de Ensayos Clínicos, de los que no se conocen resultados, Y que no tuvieron razón de hacerse en nuestro país, porque acá no se produce y ni siquiera se envasa la vacuna. Como sabemos tampoco son relevantes los ensayos para la compra de una vacuna. La más importante, la Pfizer, se adquiere sin necesidad de estos. Lo que sí es evidente es que se involucró una prestigiosa universidad privada con una empresa extranjera afanaba en colocar sus productos. El resultado saltó a la vista: este malhadado grupo se destacó más por realizar experimentos con humanos, con los resultados que conocemos: evidenciar el comportamiento de cientos de personas afanadas en arriesgar principios éticos por un producto chino.

Lo que me llamó la atención de la lista proporcionada por Málaga –posiblemente de mala gana- no fueron los nombres de personas, sino los cargos: el grupo liderado aparentemente por Málaga tenía varias docenas de consultores y capacidad de convocatoria para invitar. ¿Quién les otorgó ese poder?

La mejor pista para encontrar a los verdaderos responsables –lo sabemos los juristas- es determinar. 1.- Cuánto dinero se destinó para este despropósito. 2.- Quién pagó y quién recibió el dinero 3.- Cuánto y cuándo se pagó por la vacuna china y quién recibió el dinero. 4.- ¿Hubo acaso “lagartos”, “lagartijas” o “cocodrilos” involucrados en comisiones? 5.- Qué razón real hubo para permitir a personas, que no eran médicos ni diplomáticos, actuar en la negociación de vacunas.

Debemos recordar que, por ley, así como por práctica, es la Cancillería la que debe llevar adelante negociaciones internacionales en nombre del Estado, más aún si se trata de aspectos de alta complejidad y seguridad nacional, que implica la defensa de la vida de los peruanos. Y esto no solo porque se le ocurrió a alguien, sino porque es práctica internacional actuar con interlocutores válidos.

Cualquier desvío en ello encarece o retarda las cosas, porque la otra parte en una negociación determina sus precios o condiciones bajo el factor de riesgo o confianza. Entonces, no debemos distraernos en buscar culpables en Cancillería. Es necesario, no obstante, priorizar en esclarecer dudas sobre el lamentable caso aislado que ya señalé.
Nada debe distraernos en la lucha internacional contra la pandemia.