El seis de junio será una fecha determinante en la historia del Perú, porque ese día decidiremos si nos gobierna el partido Perú Libre, representado por Pedro Castillo y Vladimir Cerrón, quienes en su ideario-programa se identifican con los dictadores Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Fidel Castro, Daniel Ortega y Evo Morales, destacando “el legado” de Stalin, sátrapa ruso responsable de millones de asesinatos.

Un régimen de esa naturaleza, estatista y totalitario, provocaría miseria y graves conflictos internos, pero su devastación también se extendería a la política exterior del Perú, construida con notable esfuerzo durante doscientos años.

El programa, en efecto, advierte que “revisarán, regularán o anularán” la Alianza del Pacifico, formidable sistema de integración con Colombia, México y Chile; la Asociación Transpacífico, que nos vincula con acuerdos de libre comercio con doce naciones, entre otras Estados Unidos, Brunéi, Japón, Malasia, Vietnam, Canadá y Australia; y, además, las mismas medidas adoptarían con los TLC firmados con 65 países, que albergan una población de 2,700 millones de personas, un gigantesco mercado para colocar nuestros productos.

El argumento de PL es que esos acuerdos nos han convertido en “colonia comercial” de los intereses de Estados Unidos que “son los que han liquidado la empresa nacional, aplicando dumping”, es decir, vendiendo un objeto por debajo del costo de producción. Apoyan su teoría en Marx y Engels, quienes afirmaron que “la artillería pesada del capitalismo son los precios bajos”, para concluir que el capitalismo arruina a la empresa nacional, versión disparatada que debe haber provocado sonrisas en China, Vietnam, Rusia y en la propia Cuba.

El programa igualmente acusa a Washington de imponer una “dependencia tecnológica digital”, por la cual “nuestros jóvenes talentosos son víctimas del robo cerebral, pues el desarrollo de esta ciencia en nuestro país es parametrado y cuando necesiten superarse no les queda otro camino que emigrar, quedándose al servicio de los países opresores”.

Más adelante expresan oposición a que enviemos tropa para participar en misiones de paz de las Naciones Unidas porque “los soldados tercermundistas son utilizados para mantener el dominio imperialista” y sostienen la falsedad que las “principales cuencas hídricas en la selva peruana están rodeadas por ocho bases militares y paramilitares que se identifican como misión de cooperación militar, pero que en realidad incluyen el entrenamiento militar anticomunista”.

Cuestionan a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de al OEA –”Ministerio de Haciendas de América Latina”–; a los centros de arbitraje internacionales de la ONU y del Banco Mundial, porque son “centros de control jurídico comercial” de las naciones que “se enriquecen con cada causa vista fallando a favor de quienes logran corromperlos” y al BID porque es una institución controlada por Estados Unidos.

La alternativa propuesta es UNASUR, el Banco del Sur y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños ( CELAC), organismos de latón creados por el chavismo, conjuntamente con Cuba y Brasil de Lula.

Hemos resumido la destructiva propuesta de PL sobre política exterior, cuyo objetivo es convertirnos en satélites del régimen genocida de Venezuela y que formemos parte del eje La Paz-Caracas-Managua-La Habana. Sorprende que, ante este riesgo, no opinen instituciones y personalidades vinculadas al ámbito externo, a sabiendas que ese proyecto horada los principios democráticos y humanistas que sustentan la línea ideológica de nuestra Cancillería.