Los jóvenes entre 18 y 34 años, que representan el 37% del electorado, son poco sensibles a la campaña del “terruqueo” y del comunismo que se viene difundiendo. Pertenecen a generaciones que no vivieron la zozobra de las atrocidades del terrorismo, y en su educación, salvo una minoría que ha estudiado ciencias sociales, no han recibido la información suficiente para que entiendan las tribulaciones de vivir en un país comunista.
Los más sensibles a la prédica citada son gran parte de los electores de entre 50 y 70 años, que hacen el 22% del electorado. El grupo de 34 a 50 años, mayoritario en el padrón, representa el 41%, es donde la receptividad de los mensajes cala y es variada.
En este orden de ideas, Keiko Fujimori en su discurso tiene que generar emotividad, con base en un discurso creíble de un futuro promisorio. No lo está haciendo, y su apuesta está basada en dos cosas: la acogida de ponerse la blanquirroja futbolera y dar promesas de reparto de dinero recaudado de las industrias extractivas.
En lo de la blanquirroja, más que una acogida multitudinaria; por su estilo, lleva más el recuerdo de aquellos futbolistas que la vistieron y se les estigmatizó como “pecho frío”. En esto no hay vuelta que dar, el carisma es un don innato, no se crea, menos con la simbología de la indumentaria.
Sobre la promesa del reparto de dinero mencionado en el debate en la cajamarquina provincia de Chota, respecto al canon minero, sus asesores parece que ignoran que, en la oposición a industrias extractivas y privatización, hay algo más que un canje fenicio. Recuérdese que, en el 2002, ante el intento de privatización de generadoras eléctricas en Arequipa y Tacna, se prometió otorgar a las regiones el 100% de lo recaudado y la oposición no amainó un ápice.
El mantener el modelo no debe significar inmovilismo, se necesita cambios urgentes, que comentaré en otro artículo. Se heredará un país sumido en una pandemia no controlada, decrecimiento económico y alto desempleo, aún no escuchamos las recetas como ir revirtiendo la situación en estos tres aspectos, que deberá ir mostrando resultados reales en plazo perentorio. En simultáneo deberá tenerse clarísimo cómo abordar reformas pendientes desde hace más de 20 años.

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