Lo que Samanta Schweblin logra en sus mejores cuentos lo consigue también en Distancia de rescate, su primera novela: crear tensión, enganchar al lector y hacerlo sufrir. Apenas uno cruza la primera página, ya es imposible parar y abandonar el libro. Es la droga misma y un sufrimiento placentero.

La “distancia de rescate” podría definirse como la obsesión maternal de prevenir la catástrofe en los hijos. Saber dónde se encuentran y calcular el tiempo que le tomaría a la madre llegar hasta ellos y anticipar una desgracia. Esta distancia es un hilo invisible, metáfora del cordón umbilical. Este hilo une a Amanda y Nina, madre e hija respectivamente. Ambas se encuentran en un pueblo donde todo se presenta como un elemento acechante. Hay un peligro que avanza y cuyo fin es romper el hilo que las une.

La novela (que tiene una visión atípica de la maternidad como tema de fondo) está construida con base en el diálogo entre Amanda y un niño, David. Todo lo que se cuentan es esencial para ir desgranando la historia y entendiendo lo que sucede. Hay una peste en el lugar, niños y animales deformes, situaciones anormales, es decir, todo el universo narrativo de Samanta Schweblin, sumando a esto la soberbia mezcla de misterio y terror que encontramos en cada página.

Distancia de rescate bien podría ser un cuento largo y exige un lector atento. En el diálogo de Amanda y David se está buscando el punto exacto en que sucedió lo irremediable, aquel instante en que la “distancia de rescate” falló. De esta manera, Amanda va relatando lo que recuerda y David la guía y le pide centrarse en ciertos detalles y dejar a un lado los que no tienen importancia. El lector puede percatarse de que en este ir y venir sobre la historia se está enseñando a narrar. Esta novela es, de alguna forma, un taller de narrativa.

Samanta Schweblin es perversa con sus personajes, y esta no es ninguna crítica sino un elemento muy presente en su obra (además de atractivo). La novela es adictiva y la escritora sabe dosificar esta droga. No hay altibajos y, en consecuencia, la tensión está presente de cabo a rabo. Uno siente cierta repulsión por lo que va leyendo, por lo que se cuenta, pero uno quiere continuar pues se va generando una enorme expectativa línea tras línea, el anuncio de algo terrible e inevitable.