Terminada la Semana Santa los peruanos aún seguimos cargando la pesada cruz de la pandemia, la que llevamos arrastrando por trece meses, sin saber cuántos meses más deberemos seguir haciéndolo antes de alcanzar la gloria de ser vacunados.

El próximo domingo veinticinco millones de peruanos iremos a votar para elegir al partido que en los próximos cinco años gobernará nuestro país, junto a los representantes en el Congreso de la República y Parlamento Andino.

Las empresas encuestadoras, a pocos días de las elecciones, en sus últimas proyecciones no identifican un claro ganador, sólo nos muestran tendencias que aún no permiten definir con certeza quienes podrían pasar a una casi previsible segunda vuelta. Sólo coinciden en que hay un alto porcentaje de indecisos. Lamentablemente las encuestas siguen siendo la referencia de un elector indeciso que casi siempre le gusta votar a ganador.

La carrera por la presidencia ha tenido diferentes punteros, que más parecen haberlo sido por el interés de quienes quisieran verlos presidenciables, en vez de reflejar la intención del decidido voto del pueblo.

Históricamente los candidatos que aparecen liderando las encuestas en los primeros meses de campaña, no son los que ganan las elecciones.

Lo que a todos nos debería interesar son los resultados que se obtengan el día de las elecciones. Lo preocupante es que los electores no vienen mostrando interés en el proceso electoral, ni en los candidatos, ni en sus propuestas.

Hay mucho en juego en estas elecciones. Hemos sido testigos cómo varios candidatos proponen, como parte de su oferta electoral, cambiar de Constitución. Esto nos debería preocupar, porque en medio de una justa o injusta lucha por reconocimientos de algunas minorías, viene escondido el cambio del capítulo económico de la Constitución de 1993.

La Constitución vigente, con la correcta aplicación de una Economía Social de Mercado, ha sido la Constitución de la prosperidad para el Perú y los peruanos. Siempre será susceptible de incorporar enmiendas que corrijan y se vayan adecuando a cómo evoluciona el mercado y las tendencias sociales, pero en ningún escenario debería ser cambiada.

Este domingo la población, junto a su voto responsable en respaldo a la Constitución vigente, le estaría dando un último mensaje a la clase política que ya es necesario comprometerse con nuestro país y realizar un profundo cambio en la orientación y forma de gobernar.

Los políticos debemos reflexionar y evaluar si queremos seguir siendo considerados el problema o ponernos a trabajar con convicción, pensando en las grandes necesidades de los peruanos, para comenzar a ser parte de la solución.