El Ministerio del Interior está encargado de brindar seguridad a la ciudadanía. Bajo su responsabilidad están no sólo la Policía Nacional, sino los sistemas de Inteligencia de capital importancia para enfrentar tanto la delincuencia como el crimen organizado. Y, por supuesto, sofocar cualquier rebrote del sanguinario terrorismo que asolara al país durante veinticinco años. Esta cartera, vertebral para conciliar la tranquilidad social y prevenir toda subversión al orden legal, ha sido ocupada por doce diferentes ministros entre los años 2011 y 2020. Un caleidoscopio que refleja la inestabilidad que produce cambiar cada año al encargado de esta cartera, impidiendo consolidar una estructura funcional coherente. Sin embargo, el flamante ministro ha designado asesora de ese despacho a Mariela Noriega, despedida del vitriólico Museo de la Memoria por permitir su uso por “pro-terroristas disfrazados de guías”, para hacerle propaganda a sendero y mrta. ¿Y Vizcarra? Bien, gracias.

El Ministerio de Educación es, quizá, la cartera más trascendente para el progreso de una nación. Porque una errada gestión arruina la enseñanza de niños y jóvenes, con los graves resultados que ello acarrea. Ahí los disparates no se corrigen prontamente. Permanecen en el tiempo. Son fuentes de progresivas taras que, al final, anulan toda efectividad en la metodología educativa produciendo como consecuencia educandos de ínfima calidad, que a su vez reflejan su medianía en malos resultados para el país. Es más, el sindicato de profesores del Perú está en manos de Patria Roja, un partido político comunista que influye directamente tanto en la administración del ministerio como en la formación de los alumnos, pues participa en la confección de los currículos escolares. Este círculo vicioso es fuente de nuestra incultura, eje de nuestra pobreza, origen de la corrupción y responsable del atraso del Perú. Solamente durante los dos años y cuatro meses de gestión de Vizcarra han pasado por este sector tres ministros, revelando la miseria de gobierno que tenemos. Actualmente el encargado es Martín Benavides, sucesor de Flor Pablo y Daniel Alfaro, dos ex ministros con desdichados resultados para este trascendental organismo. Pero, ¿quién es Benavides? Según el portal Lima Gris, fue jefe de Sunedu, ente encargado de supervisar las universidades.

“Durante su gestión”, explica el portal, “el objetivo fue cerrar universidades”. Para ello puso de Coordinador Técnico de Licenciamiento a Cristian Pacheco Castillo, bachiller en sistemas que “no es profesional ni experto en materia educativa, ni tampoco tiene formación en funcionamientos de instituciones pedagógicas.” Sin embargo, Benavides le encomendó nada menos que “la aprobación o desaprobación de los expedientes de licenciamiento para que operen las universidades”. ¡Adonde corre muchísimo dinero! Agrega el portal que Pacheco “firmó el Licenciamiento Institucional de la sede central y siete filiales de la Universidad Tecnológica privada”, al aprobar informes sosteníendo que contaban con infrestructura y equipamiento “cuando estaban en pleno proceso de construcción” por tanto incumplían las formalidades para resultar licenciadas. Pacheco también aprobó el informe de licenciamiento para la Univetrsidad Peruano Alemana, “una universidad fantasma que no ha dictado clase alguna” según el referido portal. ¿Y Vizcarra? Bien, gracias.