Dr. Luis Sánchez

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El último taxi

Este servicio es el que todas las personas al término de su existencia lo solicitan para ser conducidos a su última morada que es el descanso eterno. Me vino a la mente este título porque he visto con frecuencia pasar por mi vista este medio de transporte, me hizo reflexionar que todo en la vida tiene su final, la pregunta es ¿hay que estar preparado para el día final de nuestra existencia? La vida te da sorpresas, un día te vas a acostar y al día siguiente ya no estás en este mundo o cruzas la esquina y un conductor irresponsable te atropella, el ocaso de una vida es impredecible, salvo que se espere un desenlace fatal.

Considero que estar preparado para el día final de nuestra existencia es un tema de madurez, no le podemos pedir a un recién nacido, adolescente, joven, adulto, que esté preparado a excepción de un adulto mayor, que su vida es más reflexiva, realista, con capacidad de comprender que la vida tiene un ciclo. Pero también te encuentras con personas que tienen miedo a que llegue ese momento ineluctable, bueno, hay de todo. Creo que lo más trascendental no es el fin de tu existencia sino qué has sembrado y cosechado para ti como individuo, esposo, conviviente, padre, hermano, tío, familia, alumnos, amigos, si los tienes, y la sociedad que somos todos nosotros.

En la escuela escuché a una maestra que decía que recordaba dos clases de alumnos, los buenos y los malos, le pregunté: ¿y los regulares?, me contestó que no eran importantes porque por lo general se van a mantener en sus expectativas. Esas palabras quedaron grabadas en mi pensamiento y las asocio con las buenas acciones que han perpetrado las personas en su vida terrena y que han quedado perennizadas como buenos referentes en el desarrollo de las personas. Como en el caso de un buen padre que se preocupó por sus hijos en dos aspectos fundamentales, la educación y la alimentación.

El recuerdo de una buena madre que se desvelaba en la noche hasta que al hijo le bajara la temperatura. O aquel maestro que se preocupaba del alumno, cuando no rendía lo suficiente en un determinado curso, lo escuchaba y orientaba. El buen médico que llamaba por teléfono a la familia informando que los resultados de los análisis estaban bien y que no se preocuparan; y las palabras de un hermano mayor que le decía a su hermano que estaba en la adolescencia y no quería estudiar y él le decía que la persona que no estudia lo conduce al fracaso, en cambio el que estudia triunfa y lo ayuda a tener una mente abierta. Las palabras de un tío que le dijo a su sobrino, enseñar es una conexión entre el maestro y el alumno cuando percibes que está aprendiendo la lección.

El amigo que le dijo a otro amigo que no se preocupara si su padre era de baja estatura, lo importante es el valor que tiene y el que le das. El profesor de educación física que le ordenaba a un alumno a colocarse con la espalda en la pared para que mejore su postura y no camine jorobado. Las palabras de un consejero espiritual, que los problemas no son eternos, que tienen un comienzo y un final y lo importante es darles solución. La hija que lleva a su padre anciano a la clínica y lo hace sentar para que traiga el coche y llevarlo de regreso, seguro el padre lo hizo en su momento con la hija, por lo general las historias se repiten. El ser humano aprende de las personas mayores como la tolerancia, paciencia, serenidad, perseverancia, y, lo más importante, dejan un legado a las generaciones venideras.

Luis Sánchez Gonzales



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