Dr. Luis Sánchez

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Las compensaciones en la vida

El desarrollo de la vida de los seres humanos está sujeto a las motivaciones que recibe del medio en que se relaciona y las creadas por las propias personas, que sirven de remo para seguir adelante. Vivir sin gratificaciones de cualquier origen es apartarse del núcleo donde se interrelaciona convirtiéndose en un ser asocial, negativo y vegetativo, que vive por vivir sin tener un sentido de la vida. Está situación el humano no lo debe permitir por su salud mental y de los demás.

Considero que las compensaciones están latentes, desde que el ser humano se encuentra dentro del vientre materno, a través de la relación materno filial, en que la madre gestante conversa con su hijo, lo hace escuchar música, estando permanentemente en comunicación, obteniendo respuesta mediante las pataditas que da el nuevo ser. Así sucede, con el desarrollo de la infancia, adolescencia, juventud, adultez y la tercera edad. En esta última, la mejor respuesta constituye lo que hemos logrado en el transcurso de la vida, el poder compartir con tu pareja, los hijos, los nietos, sus logros que van realizando, igualmente los in sabores que van resolviendo de acuerdo a su edad y los consejos y orientación de las personas de mayor experiencia que le pueden transmitir para tomar las mejores decisiones es invalorable.

Muchas personas piensan que sin dinero no existen compensaciones, empero no es determinante, porque de qué te vale amasar fortuna si no tienes salud o teniendo salud, las preocupaciones, los problemas y las obligaciones abruman a la persona, de tal manera que no disfrutan absolutamente nada. Lo trascendental es buscar un equilibrio, dentro del parámetro de lo que eres, lo que has sembrado y has cosechado y lo que puedes disponer y disfrutar.

En estos días conocí a una persona de 75 años, en el supermercado Wong. Coincidimos en la banca en que estábamos sentados, empezó a contarme que era jubilado de una empresa del Estado, vivía con su esposa y dos hijas, una era casada y la otra soltera, que la familia había venido a comprar y él estaba esperando. Le dije: “al igual que yo”, y comenzó a decirme que se sentía seguro apoyándose en un bastón por el problema de la pierna izquierda, pero por lo demás se sentía feliz por tener una familia constituida, su esposa e hijas que lo querían mucho, se preocupaban por él en todo sentido, que había alcanzado a tener sus comodidades y, lo más importante, a sentirse querido y que no está solo y puede mirar la vida desde una perspectiva horizontal al haber encontrado la paz interior y poder seguir dando amor a los que necesiten. Lo felicité y le dije que siguiera adelante.





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