Dr. Luis Sánchez

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Los temores y la inacción

Los miedos en los seres humanos son capaces de paralizar las acciones, instalando frustración, ansiedad, angustia y en algunos casos depresión, empero estos temores no están afuera sino dentro de cada una de las personas y la forma de saberlos manejar depende mucho de la personalidad de cada uno. Pero si dentro del proceso de desarrollo no lo pueden manejar hay que solicitar apoyo a los especialistas del comportamiento para que les brinde las herramientas necesarias para seguir adelante y superar estos obstáculos que solamente están en la mente y está se puede moldear, adaptar a las nuevas circunstancias que le tocan experimentar.
El pánico, miedo, temores, inseguridad, están metidos en un solo saco que es la mente y solo podemos lograr manejar estos fantasmas cuando dejamos de reprimir estos estados mentales transitorios que nos producen limitaciones y vamos en la búsqueda de la libertad interior para adaptarnos a nuevos escenarios existenciales que permiten integrarnos satisfactoriamente.
Recuerdo el caso de un paciente que no podía realizar la cópula sexual y menos desflorar a su pareja, debido a sus temores e inseguridades no tenía erección, lo que se llama impotencia cohen di, le pregunto en la sesión de psicoterapia por qué sentía esos temores que no le permitían accionar, al principio se quedó callado, momentos después desencadenó un llanto desgarrador y esperé que se calmara y empezó a hablar, que los padres y familiares lo habían subestimado, diciéndole que era un bueno para nada, que nunca iba a lograr éxitos en la vida, lo comparaban con otras personas de su misma edad, fue creciendo con una idea errónea, trasladándola a todas sus actividades en el proceso de su desarrollo y dentro de ellas a su actividad psicosexual, empero le expliqué que solamente eran ideas, que quizás el de los problemas no era él sino los otros, le hice entender, que su personalidad sensible, susceptible, emotiva había algo de sugestión, que poco a poco iba a comprender que estas limitaciones se habían incorporado en un ambiente que no era el más adecuado, que abordando el tema, no debía ir con su pareja al plano horizontal pensando que no lo podía hacer, porque llegaba perdido al primer acto, debía fluir, soltarse, ser lo más espontaneo posible para encontrar respuesta satisfactoria, despejando cualquier idea preconcebida y otras técnicas que le permitieron tener una mejor cosmovisión de la relación humana.
Estos miedos no solamente le sucede a los varones sino también a las mujeres. Conozco el caso de una paciente que había sido agredida sexualmente en la época de su adolescencia y no llegaba al clímax con su pareja, sintiéndose culpable por lo sucedido y por la experiencia inadecuada que tuvo en su adolescencia. Esta persona fue drogada, alcoholizada y violada, estuvo al borde del suicidio, pero cuando conversamos en la dinámica terapéutica comprendió que ella no era la culpable, que lo que le pasó fue circunstancial y ella no colaboró para que sucedieran estos hechos y poco a poco empezó a despejar sus dudas y sentimientos de culpa, logrando formar una pareja y familia.
“La mente es un cristal que hay que cuidarla y protegerla en toda nuestra existencia”.





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