Dr. Luis Sánchez

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Retraso mental

Una de las grandes preocupaciones que tienen los padres es cuando nacen los hijos con determinadas limitaciones en su desarrollo mental incompleto o detenido, caracterizado principalmente por el deterioro de sus funciones concretas de cada época del desarrollo y que contribuyen al nivel global de inteligencia, tales como las funciones cognitivas, los del lenguaje, los motrices y la socialización. Debemos tener en cuenta que el retraso mental puede acompañarse o no de cualquier otro trastorno somático o mental.

Las capacidades intelectuales y la adaptación social pueden cambiar a través del tiempo y, aunque limitadas, pueden mejorar como resultado del entrenamiento y la rehabilitación. El diagnóstico debe basarse en lo niveles de funcionamiento presentes en un momento dado, estableciéndose diferentes niveles.

a.- Retraso mental leve, el coeficiente intelectual se encuentra aproximadamente en el rango de 50-69, en adultos con una edad mental de 9 a 12 años. Suele acompañarse de dificultades en el aprendizaje en el colegio. Muchos adultos pueden ser capaces de trabajar, mantener buenas relaciones sociales y contribuir a la sociedad; b.- Retraso mental moderado, el coeficiente intelectual aproximado se encuentra en el rango de 35-49, en adultos con una edad de 6 a 9 años. Suelen presentarse acompañados de retrasos importantes del desarrollo en la infancia, aunque la mayoría pueden desarrollar cierto grado de independencia en el cuidado propio y adquirir una comunicación adecuada y algunas habilidades escolares. Los adultos pueden necesitar grados variables de apoyar para vivir y trabajar en la comunidad; c.- Retraso mental grave, el coeficiente intelectual aproximado se encuentra en el rango de 20-34, en adultos con una edad mental de 3 a 6 años, se necesita un apoyo continuo; d.- Retraso mental profundo, al coeficiente intelectual se encuentra por debajo de 20, en adultos con una edad mental menor de 3 años. Se produce una limitación importante para cuidar de si mismo, controlar esfínteres, comunicarse y moverse.

En todos los casos enséñele labores cotidianas como vestirse, cepillarse, comer. Pero vaya al ritmo del niño. Invítelo a escuchar sonidos e imitarlos. También la marcha de animales. Al ingresar al colegio, busque una institución especializada. Cómprele la ropa de distinta textura y colores y fáciles de poner, como camisas anchas, pantalones de sudadera que no tengan tantos cierres y botones, sacos anchos que puedan poner y quitar con facilidad. Los zapatos que no tengan cordones sino velcro. Es posible que necesite ayuda y orientación en situaciones sociales fuera de la corriente, o en caso de dificultades económicas. Ahí deben estar atentos los padres para un adecuado apoyo de integración.





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