La perversidad de Vizcarra, Sagasti y los suyos es escalofriante. No tienen compasión por la muerte de miles de peruanos contagiados por la covid-19 ni por quienes no reciben atención o se asfixian por la falta de oxígeno. Tampoco les interesa el empobrecimiento de las familias que lo venden todo, tratando de pagar los gastos para salvar a sus seres queridos. La dupla macabra abre la boca solo para mentir, su única preocupación es tapar la escandalosa corrupción de la compra de las vacunas de Sinopharm, antes de que finalice la Fase III de su estudio y se comprobará su eficiencia. Vizcarra decidió usar de cuyes a los peruanos y Sagasti continúa haciéndolo.

El ser humano tiene una esencia maligna, pero nunca dos gobernantes la exhibieron con tal normalidad y desparpajo, sobre montañas de cadáveres y río de lágrimas. Sagasti no gobierna, sigue la tortura, metódica y sistemática, que impuso Vizcarra. Buena parte de la prensa guarda silencio mientras que la población aterrada por los contagios, dolida por la pérdida de sus familiares, pauperizada por un confinamiento que no sirvió para nada es fácilmente manipulable, se somete y está carcomida emocional, moral e intelectualmente.

La dupla Vizcarra, Sagasti y los suyos (incluida la argollita de los VIP-vacunados) son el ejemplo más palpable de cuán dañinos, codiciosos y egoístas pueden ser algunos de nuestros congéneres. A contramano existen personas que inspiran arriesgando sus vidas por salvar las de otros, trabajando incesantemente para que las cosas marchen medianamente bien en un país donde todo se hace mal, adrede, como si quisieran desaparecerlo, y en el camino deshacerse de muchos dejándoles morir.

Dijo Platón que “Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro”. Eso es lo que llamamos bondad e implica sentir como propio el dolor ajeno y procurar remediarlo. Es lo que hacen los tan vapuleados periodistas de Willax cuando dicen la verdad de lo que ocurre en el Perú; es lo que hace la tan odiada empresa privada y las iglesias cuando donan plantas de oxígeno y ayudan con su logística a quienes requieren llegar a Lima para recibir mejor atención; es lo que practican miles de tuiteros cuando dejan de lado la pugna política y se dedican a retuitear los mensajes de personas que necesitan medicinas, camas UCI, dinero o lo que fuese.

Esperemos que la post pandemia no sea como este tiempo de escombros y tinieblas, de perversos en el poder, sino uno de respeto, fraternidad, generosidad y solidaridad. Votemos por el candidato/a que tenga el corazón más lleno de amor por el Perú y los peruanos; que la amabilidad, la ternura y la compasión imperen y que lo peor de las personas nunca más aflore en la pugna por el poder. Los buenos somos más. Esta batalla no la pueden ganar el mal ni los macabros. ¡No!