El e-learning tiene más de 20 años en el mundo. Sin embargo, uno de los efectos de la pandemia de la covid-19 ha sido la abrupta y masiva migración de lo presencial hacia las plataformas digitales para trabajar, relacionarse y capacitarse.

A nivel de la capacitación, este cambio implica más que el simple traslado de las prácticas de formación habituales en las empresas e instituciones educativas, para realizarlas frente a una cámara con el soporte de una plataforma de comunicación. En ese sentido, los capacitadores están obligados a buscar distintos recursos tecnológicos (Zoom, Hangouts, Microsoft Teams, entre otros) que les permitan llegar a su audiencia con cierto nivel de acercamiento e interacción.

Según Nora Szarazgat, consultora de Whalecom, más allá de la tecnología, la formación virtual ha generado cambios a nivel de la didáctica, del manejo de los tiempos y las dinámicas. A su vez, ha creado la necesidad de desarrollar nuevas habilidades, no solo técnicas/tecnologías, sino también a nivel de diseño y transmisión del conocimiento, entre otras competencias. Todo ello para llegar a los participantes y obtener resultados óptimos.

Los formadores deben tener en cuenta que la experiencia del usuario es importante. Esto implica conocer al público y entender de qué manera aprende y cómo se conecta. Cada audiencia interactúa de manera distinta con las herramientas electrónicas y con el aprendizaje desde una computadora. Esto no necesariamente implica hacer un estudio exhaustivo, sino más bien estar abiertos a experimentar en las sesiones, recoger feedback y aprender.

Szarazgat señala que “la facilitación digital ha llegado para quedarse, pero no será 100% como se da ahora. Se debe considerar que al profesional latinoamericano le gusta reunirse y, además, que algunos temas y problemáticas merecen ser tratados de manera presencial”.