Ayacucho fue la elegida por el presidente Pedro Castillo para ofrecer el balance de sus primeros cien días de gobierno, esto me pareció un buen gesto político porque empodera a los pueblos del interior, máxime si en esta región el hoy mandatario arrasó en las urnas en segunda vuelta con alrededor del 83% de la votación.

Sin embargo, su presentación a juzgar por las imágenes difundidas por la prensa, no tuvo la convocatoria de masas que se estimaba, el número de espectadores que acudieron al acto no llenaron ni la mitad de la plaza, a pesar de que su realización era harto conocida pues se había anunciado con antelación.

¿Qué fue de este bastión?, ¿tan prematuramente se han desencantado de la actual gestión?, bueno, eso lo sabremos con más certeza en los próximos eventos oficiales o, en su caso, en los sondeos de opinión.

Y ya enfocándonos en el acto mismo, se esperaba escuchar el recuento de los logros más saltantes de estos días de gobierno con una dosis de autocrítica de sus errores, habida cuenta que todas las administraciones los han tenido, lo que le hubiese ennoblecido a los ojos del ciudadano de a pie.

Pero no fue así, sino que el jefe del Estado optó por momentos por un discurso quejumbroso, a la defensiva de sus detractores que siente le increpan no haber hecho nada en este tiempo y se apeló a la conocida estrategia de culpar a quienes le antecedieron en el cargo, de haberle dejado a su juicio, un país largamente postergado.

¿Qué diremos a esto?, que no deja de tener razón pero él ya lo sabía y usó ese argumento como caballito de batalla para ganar adeptos, se marketeó como el verdadero cambio, inclusive en muchas promesas de campaña se autoimpuso que las cumpliría “este 28 de julio…”; por lo cual no cabe lamentarse a estas alturas.

Sobre el éxito de la vacunación todos estamos claros que es un acierto de estos 100 días de gobierno, pero de eso ya nos ocupamos en anterior columna.

Sí estimo cabría exhortar al entorno palaciego o a sus asesores, que le hagan ver que ya no es más Pedro Castillo el candidato, ahora es el Presidente del Perú, ya debe quitarse el chip de la campaña política y no hacer ofrecimientos y ofrecimientos en sus discursos y menos presentarlos como balance de gestión, ya que muchas medidas recién se pondrán en marcha, acciones a futuro y por tanto contabilizarlas desde ahora como logros no corresponde, porque si de promesas hablamos, nos vendría bien que se comprometiera a no debilitar más la Administración Pública con designación de personas no idóneas a cargos públicos, empezando por algunos de sus ministros, ¿o que no?

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