Según el artículo 77 y siguientes de la Constitución, la administración económica y financiera del Estado se rige por el presupuesto que anualmente aprueba el Congreso, sobre la base del proyecto que le presenta el Presidente de la República, debiendo estar efectivamente equilibrado, esto es: no se puede ejecutar como gasto más que lo que ingresa y entendiendo por lo demás que los congresistas no tienen iniciativa de gasto.

El presupuesto consigna los ingresos que se esperan, los gastos corrientes, de inversión y de atención de la deuda pública. Junto con la ley de presupuesto se aprueba la de endeudamiento y la de equilibrio financiero.

Siendo el Perú un país de hondas carencias, pese a la buena direccionalidad económica de las últimas tres décadas, lamentablemente observamos todos los años que no se ejecuta tal como se aprobó, el presupuesto anual de la República, sobre todo en lo que se refiere a inversiones, con el resultado de devolverse al erario nacional importantes recursos no utilizados, pese a que como repito las graves carencias que tiene el país, sobre todo en infraestructura, son evidentes y en esa forma queda postergada su ejecución o su terminación.

Recientemente Comex Perú ha dado a conocer un informe sobre la eficiencia del gasto público, que comprende el valor en obras de lo que no se gastó en el año 2020. Muestra por ejemplo que en el Sector Educación hay saldo no ejecutado de 4,194 millones de soles; en el Sector Transportes 7,695 millones; en Salud 3,286 millones; en Saneamiento 2,620 millones; en Orden Interno 1,462 millones; en el Sector Agropecuario 1,869 millones y así en casi todos los ministerios y gobiernos regionales.

Si bien es cierto en el año 2020 hubo gastos adicionales para enfrentar la pandemia, además de la reducción de ingresos por tributación debido a la crisis económico-financiera que trajo como corolario el covid 19, en tal año particular lo no cubierto en ejecución presupuestal, ayudó a financiar los gastos no previstos para enfrentar la enfermedad, aunque felizmente esto no se da todos los años y ojalá que tampoco en el futuro.

Hurgando las motivaciones de la falta de ejecución presupuestal en el rubro de inversiones, creemos que ello se debe principalmente a dos situaciones. La primera es que en los procesos de adquisiciones y de construcción de obra pública, muchas veces los perdedores de la licitación o concurso, emplean todo tipo de recursos para revertir la designación del contratante desde el Estado. La segunda es la falta de seguimiento de las obras más significativas desde los despachos de los más altos funcionarios gubernamentales.

Ambas situaciones pueden revertirse, la primera inhabilitando para otras obras a los protestantes de oficio y sin razón y, la segunda, haciendo seguimiento semanal desde el despacho ministerial respectivo, a todas las obras significativas y, poniendo correctivos oportunos cuando se ve que el cronograma de ejecución proyectado tiene tropiezos. Esto también podría hacerse en los consejos de ministros, tomando cuentas a cada uno de ellos.

Es irresponsable la inejecución de lo proyectado.