El 14 de noviembre del año pasado, miles de jóvenes equivocados -y hartos del torpe encierro por la pandemia de la covid-19- se movilizaron en las calles a reclamar por un golpe de Estado que jamás existió, salvo en la mente afiebrada de los morados, mendocistas y demás hierbas.

Si bien las manifestaciones en contra de la vacancia constitucional del lagarto Martín Vizcarra por corrupto (recibió, según la Fiscalía, al menos 2.3 millones de soles en coimas cuando fue gobernador de Moquegua) se iniciaron de manera pacífica, los barristas infiltrados (¿contratados?) desataron la euforia colectiva y, por consiguiente, la violencia.

Los efectivos policiales tuvieron que repeler con bombas lacrimógenas y balas de goma el ataque con piedras y pirotecnia de muchachos convertidos en delincuentes.

En medio de ello, fallecieron dos personas, que más allá de su prontuario, no merecían acabar así. La hipótesis de la PNP es que Inti y Bryan fueron asesinados con armas hechizas de los protestantes. Al momento, pese a la bulla del cartel mediático, no hay evidencia de que los policías ultimaron a estos dos jóvenes.

Lo certero es que Inti y Bryan no son ningunos héroes, sino meras víctimas del miserable apetito de poder del Partido Morado -que encabezó la huelga e inventó desaparecidos- y demás caviares. Por decir algo tan verdadero como esto, la turba salvaje llegó a la casa del periodista Beto Ortiz para lincharlo ante la inercia cobarde del colegaje.

Finalmente, el presidente Manuel Merino fue obligado a renunciar luego de que la muchachada engañada lo llamase “asesino”, incluso antes que ocurrieran las muertes que permitieron al morado Francisco Sagasti ocupar Palacio de Gobierno -y a Mirtha Vásquez ser titular del Parlamento-. Por aquel entonces, se cuestionaba a Merino por no tener estudios superiores, pese a que no registraba antecedente alguno que manche su carrera política, y en las redes era viral una nefasta imagen de fondo negro y letras blancas: “Merino no es mi presidente”.

Merino -al igual que el expremier Ántero Flores-Aráoz y el exministro Gastón Rodríguez- hoy afronta una inverosímil acusación constitucional de la fiscal de la Nación, Zoraida Ávalos, por no haber evitado que haya fallecidos. ¿Acaso Sagasti, Violeta Bermúdez o José Elice han sido denunciados por Ávalos por los muertos en el paro agrario?

El tiempo es sabio y nos dio la razón a quienes pensamos que Vizcarra estuvo muy bien vacado. El felón, que tiene el cuajo de dar lecciones de cómo gobernar por redes sociales, no solo habría recibido sobornos de empresas del Club de la Construcción, sino que se vacunó a hurtadillas mientras que el Perú ocupaba el primer puesto en muertos por covid-19 en el mundo.

Tampoco existió ninguna “generación del bicentenario” preocupada por la política y que sería en adelante el muro de contención para evitar que la casta de “viejos lesbianos” siga haciendo lo que le da la gana.

Estamos hoy gobernados por un ignorante con sombrero que cada día destroza el país, pero a estos jóvenes no se les ve desplegados en las calles protestando en contra de la satrapía comunista que nos amenaza. Les vale madre su futuro. Quizás, pienso, están correctamente representados por un asno sentado en el sillón de Pizarro.

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