El acoso político contra las mujeres universitarias

El acoso político contra las mujeres universitarias

Por Ada Gallegos

El acoso político contra las mujeres, por la condición de su género, ocurre en la sociedad y en la universidad. Se trata de una mala práctica social y universitaria, tan maligna como impune. Las mujeres, dirigentes sociales o profesoras universitarias, convertidas en víctimas, son aquellas que, en general, se atreven a incursionar en política para romper con la lógica y el comportamiento patriarcal, y que, en especial, postulan con éxito a los cargos de representación política y académica. Ello es así, a pesar de que los votos en las urnas a favor de las mujeres constituyen la más auténtica expresión de la confianza hacia un género históricamente postergado y, por supuesto, de la voluntad democratizadora de las relaciones de género en la sociedad contemporánea.

No obstante ello, el acoso político contra las mujeres es una realidad supérstite, y el reconocimiento político de las mujeres es un camino aún por andar. Todavía la mentalidad, y la práctica, machista sigue siendo uno de los rasgos definitorios de nuestro ser peruano. Pareciera que, entre nosotros, el neoinstitucionalimo se demora en moldear los comportamientos, pues a pesar del derecho positivo no se nos logra concientizar plenamente acerca de la igualdad de trato político cotidiano entre los hombres y las mujeres. La Constitución Política de 1993 consagra principios y garantías a favor de las mujeres, en verdad, ya muy estudiados. Pero, la Ley N° 31155, denominada “Ley que previene y sanciona el acoso contra las mujeres en la vida política”, como corresponde, define en estricto dicho acoso político como “cualquier conducta que se ejerce contra una o varias mujeres por su condición de tal, realizada por persona natural o jurídica, en forma individual o grupal, de manera directa a través de tercero o haciendo uso de cualquier medio de comunicación o redes sociales y que tenga por objeto, menoscabar, discriminar, anular, impedir, limitar, obstaculizar o restringir el reconocimiento goce o ejercicio de sus derechos políticos”.

Mi hipótesis central tiene como lógica subyacente la interpretación extensiva, y analógica respecto de la vida universitaria, de la actual norma de acoso político contra las mujeres. A mi entender, esta protección legal y moral de las mujeres políticas es integral. Tiene como ámbito de aplicación la protección a las mujeres candidatas y, ya elegidas, en funciones del cargo público. Es válida para toda la vida política, y constituye un imperativo para toda la estructura política y social peruana. Por tanto, incluye los cargos de representación política y social como son los de desempeño de gestión administrativa o ejecutiva, que recaen en una posible presidenta de la república, en las gobernadoras regionales, en las alcaldesas provinciales y distritales; y los de intermediación, que recaen en las congresistas de la república, consejeras regionales y regidoras municipales. Pero, también incluye los cargos de representación universitaria como son los de desempeño de gestión académica o administrativa, que recaen en las rectoras, en las decanas, y en las directoras de departamentos académicos; y los de intermediación, que recaen en las asambleístas, y en las consejeras universitarias y de facultades.

El acoso contra las mujeres ocurre en el proceso político nacional, y con la misma intensidad en el proceso político universitario. Tal es el actual caso de nuestras valientes rectoras de las universidades que, por su defensa principista de la autonomía universitaria, son víctimas de un permanente y sistemático atropello a sus derechos fundamentales por parte de organismos y de personas que detentan un gran poder político y que ven afectados sus intereses. Pensemos el tema del acoso político contra las mujeres en analogía, a partir de la relación isomórfica entre la sociedad y la universidad. Si los peruanos hemos logrado establecer el consenso de que la universidad no es una isla, y de que lo que ocurre en la sociedad ocurre también en la universidad, entonces no permitamos la malignidad del acoso político, ni contra las mujeres convertidas en lideresas sociales, ni contra las mujeres universitarias convertidas en rectoras.

Mira más contenidos siguiéndonos en FacebookTwitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.