No hay un año del gato en el Zodiaco chino. Pero sí de la rata. Una leyenda milenaria explica el porqué.
El Emperador de Jade y Gobernador del cielo convocó a una carrera de animales a través de un río. Los doce primeros en cruzarlo darían su nombre a cada uno de los años del Zodiaco. La rata y el gato no eran buenos nadando por lo que convencieron al buen buey para que los transportara en su lomo. La carrera, según la leyenda, fue reñida. Poco antes de que el buey llegara, la rata empujó al gato al agua y saltó a la orilla arribando primero, siguiéndole luego el buey, el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, la cabra, el mono, el gallo, el perro y el cerdo. El gato llegó al último y quedó fuera del cuadro de honor. De allí, siempre según la leyenda, nace el estigma de la rata y su enemistad con el gato, y el miedo de este último al agua.
Si hubiera un año del gato -digo yo- tal vez el mundo sería en ese lapso más limpio, más curioso, más empático y, acaso, más tierno e inteligente. La cultura popular dice que los gatos nos consideran no sus amos sino sus amigos, su familia. Hay incluso quienes les atribuyen cualidades místicas. Pero, sea como fuere, sus ojos tienen algo de sobrenatural y de infinito. Por eso Borges escribió: “En otro tiempo estás. Eres el dueño/ de un ámbito cerrado como un sueño”. Por lo mismo, Baudelaire dijo: “Veo cómo el incendio de sus pupilas pálidas/ vivientes ópalos, farolas claras/ que me contemplan luego fijamente.”
Entre el gato que dormía en la túnica de Siddhartha Gautama y los nueve que vivían con el profeta Mahoma, hay una gran similitud mitológica que alcanza a casi todas las culturas. Numerosas deidades lo personifican ofreciendo ternura y abundancia. Silvestres o caseros, tienen una inclinación innata a la soledad que para ellos parece significar lo mismo que la independencia. Ven en la noche igual que en el día por una configuración de su retina que se llama tapetum lucidum.
Un gato en la oscuridad, la famosa balada popular, rememora un amor iluminado por esas claras farolas. Cuando lo miro sé que en algún lugar está el arquetipo de sus ojos. Él me mira también y algo me dice que está allí para alegrar la procelosa vida.
(De la puerta cinco de la Universidad Agraria a su regazo. ¡Acompáñala Beppo a mi niña de antes y de siempre!)

[email protected]

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Mira más contenidos siguiéndonos en Facebook, Twitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.