Difícil empezar estas líneas deseándole Feliz Año a nuestros amables lectores. Son tiempos difíciles lo que nos esperan. Tendremos que superar una gigantesca borrasca navegando en una nave cuyas cuadernas crujen en medio de la tempestad desatada por gente que se dice ser ciudadana de nuestro país. Ni la guerra ni el terrorismo han dejado sembrada tanta desgracia y empobrecido en forma tan severa al Perú.

Iniciamos el año plenos de interrogantes y rodeados de amenazas. No precisamente por culpa de la sociedad sino, exclusivamente, por los despreciables gobernantes que, de manera criminal y sostenida, han venido destruyendo el poco Estado que habíamos logrado recomponer, después de la quiebra socioeconómica de los ochenta y el cuarto de siglo de terrorismo. La historia –sobre todo, la Justicia- se encargará de poner en su sitio a estos nefastos sujetos, que nos han llevado al desastre que enfrenta el Perú. Apellidos como Humala, Kuczynski, Vizcarra y Sagasti, especialmente los últimos dos, deben quedar en los anales de los más infaustos gobernantes que ha tenido el país. En pleno tercer milenio, el mendaz, infeliz, golpista, sinvergüenza de Vizcarra decidió per se retrotraernos a los luctuosos años sesenta y setenta del velascato, provocando desorden y malestar –semillas de ese caos que conduce al socialismo tercermundista- mintiendo descaradamente y desatendiendo funciones elementales de su gestión. La lista es larga. Incluye el complot de Vizcarra con el gobernador comunista arequipeño para acabar con la gran minería y un golpe de Estado que le abriera las esclusas al zafarrancho generalizado. Luego, en plena crisis pandémica abandonaría el sector Salud endosándoselo a un embustero como él, apellidado Zamora, “el doctor Mengele peruano”, alentando la muerte de decenas de miles de peruanos por falta de oxígeno tras decidir no comprar ni permitir que el sector privado donase plantas de oxígeno. Tampoco adquirió pruebas moleculares, aunque malversó muchos millones de dólares comprando vilmente las inútiles pruebas rápidas; ni siquiera adquirió suficientes camas UCI, etc. Por si fuera poco, seremos la última nación del planeta en recibir la vacuna contra la covid, porque Vizcarra y Zamora NUNCA ordenaron comprarla, etc.

Generado el malestar social por el abandono estatal que produjo muerte, desempleo y consecuentemente irritación de las mayorías abandonadas y una economía diezmada –somos el país latinoamericano con la economía más dañada por la infame gestión de la pandemia- Vizcarra se dedicaría a enfrentar a los peruanos polarizando al país en “buenos” (los alcahuetes que le apoyaban –y siguen haciéndolo-) y “malos” (quienes se opusieron –y oponen- a que un caradura como él funja de jefe de Estado). Estamos al borde del precipicio. Abajo nos espera aquel espanto que generaran doce años de gobierno socialista militar. Desastre que nos costara sangre, sudor y lágrimas superar.

Inclusive hoy seguimos pagando el precio, por la pendencia de la izquierda de liquidar al Apra y al fujimorismo. ¡Dos bastiones que nos liberaron del terrorismo! Por esta razón el socialismo sigue batallando contra el Apra y el fujimorismo, resentido porque ambos derrotaron a sendero y mrta, su brazo armado genocida.