El callado enfurecido

El callado enfurecido

El 24 de mayo un joven de 18 años asesinó a diecinueve estudiantes y dos profesoras en la primaria Robb, en Uvalde, Texas. No es la primera vez si recordamos la matanza en la secundaria en Oxford, Michigan. Sumamos la de noviembre de 2019 en California; Texas, mayo de 2018; Florida en febrero de 2018; Kentucky en enero de 2018; Oregon, octubre de 2015; California en abril de 2012; Connecticut en diciembre de 2012. Columbine, Colorado, 1999 …

Sumar asusta, pues se reportan 128 casos desde 1982 (El Debate, 25 de mayo de 2022). Curioso que el evento sangriento se produjera poco antes de la Convención Nacional del Rifle, en Texas precisamente y con una relevancia política que huelga explicar. ¿El acceso a las armas es la causa? En el Perú cualquiera puede tener en manos una pistola, pero cada hampón se la hace por una causalidad, sea el robo, la extorsión…

Salvador Ramos, asesino de diecinueve niños, no fue presa de una locura repentina en Uvalde, fue un acto planificado. En su cuenta de Instagram (cuatro días antes) dejó ver dos escopetas semiautomáticas. Según su madre, “él era muy callado. (…) No molestaba a nadie, no le hacía nada a nadie”. ¿El problema está en las armas? No, el problema se deduce en la respuesta de la madre. ¿Capta? ¿Cuánto conocemos a nuestros hijos? ¿Cuánto los justificamos? ¿Qué los turba? ¿Llegan de la escuela sin contarnos nada? ¿Cuántos son los jóvenes que reciben orientación psicológica o medicación y cuántos la necesitan? ¿Cuánto aportan las películas a la normalización de la violencia? Ramos, dicen, fue objeto de bullying en la escuela por una tartamudez que lo paralizaba, pero nunca dio señas de que alguna vez mataría a un gato. Que era callado, que era víctima de mofas son solo “atenuaciones” que buscan voltear la percepción de la culpa. Ramos cultivaba la sed del poder mórbido del pedófilo, del violador, del criminal que a balas perfora diez o veinte cuerpos en una escuela porque el monstruo más voraz es el que se rige por la urgencia de dominar al otro asesinando. Matar o violar son formas perversas y criminales de dominación.

Su familia insiste en que no era un monstruo, Ramos lo era y sus padres no fueron capaces de detectarlo y ya ven. Cada sociedad tiene formas peculiares en que los demonios terminan por sobrepasar a los hombres y a las familias.

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