Qué tal si, dos semanas atrás, algún diario opositor hubiese editorializado sosteniendo que “está documentado que el fiscal NN del caso XXX, señaló a los abogados de un empresario investigado en el caso llamado YYY que ´necesitaba conseguir algo contra el presidente´, en alusión al ex jefe del Estado Martín Vizcarra.” O que “el equipo de fiscales A, B y C del caso D diseminó en la prensa las acusaciones contra Martín Vizcarra”. O que “El fiscal E se convirtió en ´evaluador´, una suerte de consultor de la información sobre los casos de corrupción de un medio que, por otro lado, investiga el equipo que lidera. Cero escrúpulos.”? ¿Se imagina, amable lector, la escandelera que habría armado el cartel mediático de la corrupción que lideran los diarios Comercio, República, y los canales 2, 4, 8, 9, RPP, etc.? Ni qué decir de la violenta reacción que habría exteriorizado Zoraida Ávalos, fiscal de la Nación, y todo el aparatchick progre marxista -los caviares- que manejase el poder autocrático del país hasta la caída del corrupto, mendaz, infame gobernante -y persona intrigante- Martín Vizcarra Cornejo. Aquel medio que hubiese osado aseverar tamaña imputación en contra del hasta hace poco todopoderoso Vizcarra -a través de alguna nota editorial que representa la linea periodística del diario, revista, televisora o lo que fuere- ese mismo día ya habría sido denunciado por el Ministerio Público; la policía política Diviac ya habría arrestado al Director y a los propietarios del medio; y la claque caviar le habría ensamblado un plan de desestabilización financiera, reputacional y gremial de magnitudes estratosféricas.

Claro. El cartel mediático de la corrupción puede darse el lujo de seguir publicando lo que le venga en gana. ¡Sabe que no le ocurrirá nada! Porque si bien atrás ya no tiene protegiéndolo de todo al aparato gubernamental dispuesto por Vizcarra -hoy vacado e imputado por corrupto, falsario y obstaculizar a la Justicia- hoy al cartel mediático lo ampara la claque de la sedición callejera, cuyo patrocinio lo consiguió cuando el cartel glorificara a las masas violentistas haciéndose pasar como aliado incondicional suyo -algo sin duda oportunista y momentáneo- para asegurar el apoyo de esa fuerza bruta.

Revivimos épocas surrealistas claramente peligrosas. Los principios democráticos han sido trastocados por la grita arrabalera y el chantaje periodístico. El país ha ingresado a un violentísimo proceso de descomposición social, política, pero sobre todo moral. El imperio de la Constitución y la ley ha sido sustituido por la amenaza y la presión de un cartel mediático vil, corrompedor y corrmpido, que actúa como jerarca omnipotente imponiéndonos los dogmas que considere válidos, tachando de vieja y desprestigiada a toda opinión contraria, imputándole aquel mote de “contrarevolucionaria y enemiga del pueblo”. Regresamos entonces a los peores días del nazismo. Con la diferencia que el cartel mediático todavía no maneja los hornos hitlerianos. Pero que no le quepa duda, amable lector, que de poder hacerlo lo haría, con tal de consolidar su autocracia y en adelante manejar el Perú en un puño.

¡Al clásico estilo totalitario!