Guardando las distancias galácticas existentes entre las fortunas de los grupos que intentamos comparar, el hecho medular es que ambos traicionaron a sus países pactando con regímenes totalitarios pretendiendo salvar su patrimonio, a cambio de endosarle el apoyo de sus medios de prensa a los autócratas que gobiernan sus respectivos países. Nos referimos a las familias -o grupos empresariales- Cisneros de Venezuela y Miró Quesada del Perú. La primera posee un patrimonio que bordea los US$8,000 millones; la segunda, US$300 millones. Esta última cada día pierde más valor por la merma de lectoría de sus medios impresos, y la caída en picada de la publicidad privada. Sin embargo, los letales tres últimos presidentes han seguido sosteniéndola a flote inyectándole millonarios fondos públicos disfrazados de contratos de “publicidad estatal” que paga usted, amable lector.
La leyenda dice que, en 2007, Gustavo Cisneros, cabeza visible de la familia Cisneros, arribó en secreto a Caracas con el expresidente norteamericano Jimmy Carter para entrevistarse con Hugo Chávez. La agenda habría girado alrededor de la amenaza expropiatoria que venía soportando la organización Cisneros. La conversación habría apuntado a un pacto de no agresión para cesar las hostilidades. Chávez no acosaría más al grupo Cisneros y la cadena mediática de Cisneros, liderada por Venevisión, no solo dejaría de atacar a Chávez, sino que en adelante lo apoyaría. Mientras tanto, las multimillonarias inversiones del grupo en cervecerías; embotelladora de Pepsi Cola; participación en el gigante televisivo Univisión; canal Chilevisión; sociedad con DirectTV para 27 naciones latinoamericanas, etc., desarrollarían sus actividades sin interferencia alguna del chavismo. El hecho es que, desde aquella reunión en 2007, Chávez no volvió a amenazar a Cisneros y Venevisión dejó de denunciar a Chávez por corrupción, persecución política, violar ddhh, etc. Inclusive Venevisión eliminó todos programa con contenido político de sus emisiones televisivas. Una tregua exitosa en perjuicio del pueblo.
Volviendo al Perú, El Comercio ha pegado un giro copernicano dejando de lado aquellos sólidos principios periodísticos que guiaron su conducta desde 1839 hasta principios de 1990. Ahora es un espectro de lo que fue el poderoso medio de prensa que impresionantemente remontó aquel desprestigio moral y crac económico sufrido durante seis años de secuestro velasquista. Rendido ante el poder de turno, hoy es un títere de palacio de gobierno y un medio traidor a sus lectores. Más aún, la vileza de lo que queda de la familia Miró Quesada ahora llega a niveles paranoicos. Espantada por las amenazas del candidato comunista de confiscar los medios, se ha inclinado a los pies del ex cacique del Sutep, respaldado por sendero luminoso y enfatuado por la gloriosa izquierda peruana ligada al marxismo más decimonónico. Desde la semana pasada El Comercio se ha abocado a blanquear a Pedro Castillo presentándolo como si fuera una víctima del clasismo de alguna democracia servil a los intereses de los ricos. Repudiable vergüenza que descalifica moral, social, cívica, democrática y personalmente a todos los miembros de esa otrora digna familia.
Su suerte está echada. La codicia y cobardía acabará con ella.

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