Castillo viajó, trapeó el piso con el prestigio internacional del Perú y la oposición siguió incólume, mostrando la misma decepcionante actitud y pasividad, como si viviéramos en una democracia. Tanto esfuerzo estos últimos 30 años para mejorar la imagen del país y posicionarlo como una jurisdicción amigable para la inversión privada. A pesar del mal gobierno de Humala y las dificultades generadas por la renuncia de PPK, nuestra economía se mantuvo estable, los indicadores más volátiles como el tipo de cambio y la BVL no se vieron afectados. Incluso la crisis que generó el deplorable capítulo Odebrecht no nos hizo mella porque fuimos percibidos como un país que luchaba frontalmente contra la corrupción y que no nos temblaba la mano para aplicar la ley con la mayor severidad y sin excepciones, a pesar de que supiéramos de la forma selectiva como se maneja la justicia en el Perú. Castillo en menos de dos meses ha alterado todos los factores económicos, ha pauperizado a los más humildes (el bono Yanapay no compensa nada) y ha sido una vergüenza ante la comunidad internacional desde sus oprobiosas palabras contra la presencia española en el Perú hasta sus presentaciones en México y EE.UU. Imaginaba que iba a ser patético viniendo de una persona con tantas limitaciones y que desconoce las más elementales normas de educación, pero confiaba que la numerosa y costosa comitiva que lo acompañó tendría la valentía de señalarle el camino. No se atrevieron, ni siquiera lograron que se quitara el irrespetuoso sombrero.
Dicho esto, nuestras aspiraciones de ingresar a la OCDE –reflejadas en nuestro cumplimiento del Programa País desde hace 7 años– se han convertido en un mal sueño. Castillo, ejemplo emblemático de la pésima calidad de la educación pública peruana, posiblemente ni sepa a qué responden estas siglas, pero es clarísimo que él y su gobierno –que se sienten más cercanos a dictaduras como Cuba, Venezuela o Nicaragua– no serán bienvenidos jamás. Terrible retroceso.
Más grave aún es que mantenga a comprobados senderistas en su gabinete. Es una traición a la memoria de las víctimas y una suerte de legitimación política del terror, con el agravante que sólo el 7% de peruanos que desaprueban su gestión (Datum 13-17/09/21) lo sustentan en sus vinculaciones con el terrorismo. Tenemos que combatir el olvido social. No podemos permitir que se blanquee la trayectoria de asesinos sanguinarios y menos aún que dirijan los destinos del país.
Los sondeos en el Perú tienen dos problemas: (i) la credibilidad y (ii) la capacidad de raciocinio de los participantes. Por ejemplo, resulta inaudito que el 30% de los encuestados no tenga una opinión sobre el MEF cuando la razón esencial de la desaprobación de Castillo es el alza de precios. Una absoluta falta de interés. Por ello, cuando se glorificaba a la Generación del Bicentenario, yo solo veía a unos jóvenes desesperados por salir del encierro de la covid y romper todas las reglas posibles y que mejor, que acompañados de una prensa que los elevaba a la categoría de héroes y les dio una cobertura excepcional. Esa maravillosa fantasía no existe más. Desaparecieron, eran un espejismo circunstancial.
Aún albergo la esperanza de que muchos valientes congresistas se convenzan de que la vacancia es la única solución, la lideren y se la jueguen por el país.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Mira más contenidos siguiéndonos en Facebook, Twitter Instagram, y únete a nuestro grupo de Telegram para recibir las noticias del momento.