Vizcarra es mentiroso contumaz. Pero esta vez encontró la horma de su zapato. Ayer el presidente del Congreso lo emplazó duramente por “engañar al país” y pretender desprestigiarlo a él y al Parlamento. “El señor Vizcarra usa todo el aparato estatal para engañar al pueblo, denigrando al Congreso acusándolo de chantajista. Somos una institución democrática y no aceptaremos sus amenazas. Respete usted al Parlamento y a sus parlamentarios (…) La única razón de la negativa al voto de confianza fue porque Cateriano no convenció a las bancadas al no presentar propuestas creíbles para solucionar los gravísimos problemas sanitarios y económicos del país.” La filípica de ayer de Manuel Merino de Lama a Martín Vizcarra fue sencillamente categórica.

La gestión del presidente postizo es una orgía de falacias. Desde que asumió el cargo, a la fecha, Martín Vizcarra no tiene un solo logro a su favor. Sin miedo a errar, lo suyo es una secuencia de estupideces. Empezando por aquella bravuconada de atacar al poder Legislativo, ridiculizándolo y satirizándolo ante la población -pese a ser uno de los tres poderes del Estado- y asestándole una puñalada artera con su clausura, luego de perpetrar aquel golpe de Estado que, a no dudarlo, cargará sobre sus esmirriados hombros cuando se escriba este capítulo de nuestra historia. Pero todo lo que mal empieza mal acaba. Y Vizcarra no entró a palacio por voto popular. Lo hizo explotando la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski, atrapado en sendas operaciones cruzadas con Odebrecht. Fue investido presidente –a su ruego- por el voto mayoritario de Fuerza Popular, partido al cual su jefe Kuczynski incordiara hasta la náusea porque controlaba un Parlamento que no se sometía a sus designios.

Ayer, entonces. el presidente del Congreso desenmascaró la actitud pedante, mendaz del presidente del Ejecutivo, enrostrándole su insistente desviación por abusar de los recursos del Estado para consolidarse como el autócrata que es. Peor todavía, ocurre que don Manuel Merino de Lama, cabeza del Legislativo, responsabilizó además a esa prensa corrupta, comprada por palacio, de ser cómplice de Vizcarra en su empeño por presentar al presidente como una autoridad todopoderosa que maneja esta nación sin estar sujeta a lo dispuesto por la Carta. En otras palabras, abusando del encargo que le otorgó el Parlamento el 23 de marzo 2018 para ejercer la primera magistratura del país hasta el 28 de julio de 2021. Lo aclarado por el presidente del Congreso pone de manifiesto la connivencia entre Vizcarra y ese mafioso consorcio mediático que se ha autoerigido en catón del país, digitando quiénes tienen derechos constitucionales y quiénes no; quiénes están dentro de la ley y quiénes fuera de ella; quiénes están moralmente calificados y quiénes descalificados. Esta dicotomía constituye una de las taras antidemocráticas más deleznables que recuerde esta nación. Pero en la práctica, la vemos a diario y en todo orden de cosas.

Vizcarra y su comparsa necesitan asimilar que estamos en una República democrática regida por la Constitución vigente desde 1993.