Mientras procesamos nuestra indignación por la vacunación a Martín Vizcarra, su esposa y otros personajes a quien Germán Málaga les facilitó las dosis de Sinopharm de manera delictiva, se confirma que las pruebas rápidas no solo no eran las mejores para enfrentar la pandemia, sino que lo más triste es que esto se advirtió desde marzo del año pasado, pero para entonces, Vizcarra era intocable y sus decisiones no se discutían, salvo excepciones.

Ayer el El Comercio publicó un informe sobre lo pernicioso del uso de las pruebas rápidas para combatir el coronavirus, bajo el título “millones de soles en pruebas no recomendadas”, ese diario recordó que desde el inicio de la pandemia la OMS desaconsejó el uso de las pruebas rápidas como estrategia sanitaria, sin embargo el gobierno de Martin Vizcarra gastó más de 22 millones de soles en adquirirlas. Y lo que ya a nadie debería sorprender es que –según El Comercio–, dos personas que figuran en la lista de los vacunados dolosamente son gerentes de una de las empresas que más importó pruebas rápidas.

El doctor Ernesto Bustamante dio la voz de alarma sobre estas pruebas el 24 de marzo del año pasado, seis días después de que se iniciase la cuarentena en el Perú.
“Son rápidas, pero lo que se detecta no es el virus ni un antígeno del virus, sino que detecta anticuerpos que el organismo humano sintetiza y fabrica en respuesta a la presencia del virus. Van dar muchos falsos negativos porque a mucha gente que se va a someter a esta prueba, le van a decir señor usted es negativo pero a lo mejor estaba en su periodo asintomático en el que es contagioso”, dijo entonces el exdirector del Instituto Nacional de Salud en entrevista con RPP.

“Van a dar falsos negativos”, fue la frase clave de esa entrevista. Y vaya si fue así. Un ejemplo del error de la pruebas rápidas fue el caso del excongresista Glider Ushñahua, quien murió el 15 de abril del año pasado. “No puedo ni respirar” decía en un video que se difundió por redes sociales. No fue admitido en el Hospital de Ucayali pues la prueba rápida a la que había sido sometido arrojó un falso negativo. Murió en su casa.

Al día siguiente, Vizcarra anunció la compra de un millón 400 mil pruebas rápidas y solo 300 mil moleculares. Según el presidente, las rápidas solo serian complementarias, pero se compraban más del doble.

Ese día, Vizcarra se refirió a Bustamante: “Ayer vimos unas declaraciones de una ex autoridad del Instituto Nacional de Salud que generó que le pidamos al ministro de Salud que pueda consultar con los que más conocen del tema”. Los “expertos” consultados (hoy vacunados), el entonces ministro de Salud Víctor Zamora y Vizcarra se ratificaron en las pruebas rápidas.

“La prueba rápida es una de las herramientas que vamos a seguir usando en el Perú. La prueba rápida tiene un costo de 16 soles en este momento y la prueba molecular tienen un costo de 200 soles”, así se expresó Zamora en aquella conferencia de prensa mientras que su jefe Vizcarra intentó desacreditar a Bustamante: “Llama la atención que algunos especialistas vayan de medio en medio de comunicación, tratando de generar un tipo de confusión”.

Tras varios miles de muertos, Zamora declaró el 1 de noviembre: “Por supuesto que no se debieron usar las pruebas rápidas, pero eso era lo que teníamos el 20 de marzo, cuando asumo la responsabilidad”.

Los más ciegos seguidores de Vizcarra que aplaudían cada una de sus decisiones le deben una disculpa al país. Tras conocer la verdadera entraña del “lagarto” ¿alguien puede creer que no hubo un interés oscuro detrás ante la insistencia de comprar las inservibles pruebas rápidas?