El mayor delito cometido por Martín Vizcarra no son los actos de corrupción que se le imputan de cuando fue gobernador de Moquegua, sino la demostrada destrucción de la institucionalidad republicana.

Las denuncias que hoy ganan espacio en los titulares en realidad se multiplicaron desde el año 2012; pero pocos hicieron eco oportuno porque para el centralismo político y la gran prensa poco o nada importaba lo que ocurriera en una pequeña región despreciada desde la colonia.

Tampoco se prestó atención debido a los antecedentes de Vizcarra cuando accedió a la presidencia tras conspirar contra PPK; y no se investigaron a fondo sus vínculos con el club de la construcción, pese a las evidencias a partir del caso Lava Jato.

Por el contrario, desde marzo de 2018 se levantó una densa cortina de protección al psicópata que todavía reina aunque no gobierne. Los neomarxistas, la prensa prostituida, las ONG infiltradas en los niveles neurálgicos del gobierno y la cúpula militar saliente fueron cómplices grotescos de la ineptitud, la corrupción galopante y el golpe de Estado. Corresponsables son los gremios empresariales, los ‘pragmáticos’ que pretendían mantener la política separada de la economía y quienes todavía aplauden al felón por el supuesto ‘éxito’ en la lucha contra la pandemia, pese a que el inepto vizcarrato ha contribuido a la muerte de casi 80 mil peruanos y está dejando al país en la bancarrota.

Culpables del desastre son, asimismo, los políticos que pese a haber tenido mayoría parlamentaria se dejaron avasallar permitiendo la disolución congresal. El crimen contra el Estado liberal y la constitucionalidad también tiene complicidad en los sindicatos callados ante el descalabro, el TC que validó las tropelías y la nueva jerarquía católica, convertida en un corifeo más de la destrucción de principios, valores y fuentes esenciales de la peruanidad.

Todo esto puede ser probado y servirá de sustentación para condenar a Vizcarra y muchos de sus ministros. Pero ¿debemos esperar el juicio de la historia o deberíamos detener ya al delincuente?.

Desprecio el argumento de que falta poco para las inciertas elecciones; creo inmoral mantener en el mando a quien apuñala arteramente a la República. Dan risa los editoriales incendiarios de quienes hasta ayer eran siervos palaciegos.

El riesgo mayor está en que eventualmente Vizcarra fugue, oculte más pruebas y solo sea chivo expiatorio de los mayores criminales: aquellos poderes fácticos que lo siguen usando como sicario para destruir al Perú.