En mi artículo del martes 6 de abril último, titulado “¡Keiko presidenta!”  señalé que mi voto en la urna electoral el  domingo 11 de abril era por la alternativa política representada por  la hoy lideresa del fujimorismo, fundadora y presidenta de Fuerza Popular. Señalé las razones en que basé mi decisión también política, subrayo lo de “política” porque  aún  encuentro  personas, de toda edad y nivel socioeconómico, que no terminan de darse cuenta que ellas también toman decisiones políticas cuando eligen una u otra alternativa en las elecciones generales, regionales y locales, incluso cuando deciden no asistir a votar o votan blanco o viciado.

La segunda vuelta electoral tiene entonces de protagonistas a  Keiko Fujimori y a P. Castillo. Éste representa, en todo el sentido literal de la palabra al verdadero hombre de atrás (ver mi artículo del 20 de abril pasado) el ex gobernador de Junín V. Cerrón, y lo representa porque el mandamás del partido político del lápiz -símbolo copiado de las brigadas cubanas de alfabetización-, no puede ser candidato al tener condena firme por corrupción.

Llegado al partido de Cerrón recién en setiembre de 2020, luego de una militancia en el partido de Toledo de más de una década, Castillo obviamente ha encontrado todo listo, hecho por otros. Comenzando por el Ideario, de expresa orientación marxista-leninista-maoísta (lo de “pensamiento Gonzalo”, propio de  la banda terrorista de Sendero Luminoso está aún a nivel de denuncia por acreditar); siguiendo por el plan de gobierno que de ese Ideario se deriva.

Qué duda cabe que Castillo es también  totalmente ajeno  a la composición de la lista de candidatos al Congreso y al Parlamento Andino, e incluso a la de su propia plancha  presidencial, con un Cerrón incluido como primer vicepresidente pese a la condena firme por corrupción, lo que determinó luego su previsible exclusión.

Lo descrito en los párrafos anteriores explica el porqué de las idas y venidas ideológicas y programáticas que, sobre todo en estas tres semanas, ha tenido el candidato Castillo, que incluyen anuncios e intervenciones, bastante torpes por cierto,  provenientes de voceros que es obvio maneja el hombre de atrás y que  el candidato presidencial se ha visto obligado a desmentir tratando de salvar su debilitada credibilidad.

A estas alturas, con Chota en la memoria, ya ha quedado claro no solo el contenido de los planes de gobierno -y su fuente ideológica- de cada candidato, sino también la consistencia, convicción y compromiso que cada uno de éstos tiene con su propuesta y con su bancada congresal.

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