Los pésimos resultados de la cuarentena abren paso a un agravamiento de la crisis nacional, porque al Covid-19 se le suma un grave enfrentamiento político y el desastre económico.

Los principales medios de prensa extranjera y organismos independientes que han analizado el caso del Perú coinciden en que es falsa la cifra de poco más de 9,000 muertos por el virus originado en Wuhan. Consideran que el número real estaría en el orden de 27,000 a 30,000; por tanto el “comando de lucha” manejado por los comunistas del Frente Amplio a través de Zamora, nos ha mentido. Solo la desvergüenza puede llevar a Vizcarra a sostener que por su esfuerzo se han salvado miles de peruanos, cuando la verdad es que se reaccionó tarde (sí hubo notas de Inteligencia preventiva en diciembre de 2019 sobre la inminente pandemia); se reaccionó con improvisación fatal (así lo reconoce el 73% de ciudadanos); no se sancionó la corrupción en las adquisiciones estatales; infamemente se pretendió culpar al pueblo desesperado por el agravamiento de la crisis; se ha sobreendeudado sin transparencia al Estado; y se ha provocado la reacción democrátrica ante políticas y anuncios populistas.

En plena pandemia alentaron la “lucha contra el patriarcado” provocando el contagio de miles de ciudadanos; se reforzaron las políticas pro aborto; se trajo a cubanos agitadores supuestamente médicos, mientras se despide a profesionales peruanos; se ha despreciado el aporte del sector privado en cuestiones tan básicas como el oxígeno; y Vizcarra terminó azuzando el fantasma de un segundo velascato con la pretendida expropiación de las clínicas privadas.

Entre tanto, no se ha adoptado una miserable norma de austeridad del Estado; no se recorta la burocracia ni las millonarias asesorías; tampoco se disminuye las embajadas; sigue el despilfarro del subsidio a los medios de prensa financieramente quebrados y se solicita más préstamos externos cuando ni siquiera se ejecutan los presupuestos aprobados. Encima se provoca la ira por la desfachatez del auspicio del Ministerio de Cultura a la apología terrorista y el cambio del logotipo de la PCM con elementos lgtbi.

Hoy las fuerzas están realineadas: estamos divididos entre aquellos parásitos de izquierda que copan el gobierno y usan a Vizcarra como títere; y quienes queremos paz, reactivación económico – social y elecciones limpias. Si el moqueguano no entiende esta nueva correlación ya puede imaginar cómo terminará. La democracia es flexible, pero no es boba y tampoco se cruza las manos.