En nuestra columna de la semana pasada hemos sostenido que el sector Salud es un caos total. Están muriendo muchos médicos, otro grupo numeroso está contagiado, el personal de salud en general no está protegido ni contra el virus ni contra la pobreza por su precariedad laboral y falta de pago de remuneraciones, no hay oxígeno, ya no quedan camas para cuidados intensivos, los hospitales están saturados, a la gente contagiada se le confina en su domicilio y solo cuando se está muriendo puede ir al hospital y no hay una ruta sólidamente estructurada a seguir y en la cual la población confíe.

Justamente, tanto nos han mentido desde el gobierno, que la gente, empobrecida al extremo de la noche a la mañana, sin trabajo formal y sin protección sanitaria ya no cree en nada ni en nadie. Le importa poco cumplir las normas que impone Salud porque le da lo mismo morir de hambre o de Covid, aunque con ello ponga en riesgo la salud de un mundo de personas a su alrededor.

Recién comienzan a discutir sobre la ley seca o el permiso de acceso a las playas cuando el verano playero ya está superando el primer mes y se vienen matrículas y nadie sabe si los estudiantes tendrán clases presenciales, semipresenciales o si seguirán las virtuales.

Se ha llegado a sugerir otro confinamiento absoluto que nadie soportaría y hasta la postergación de las elecciones generales, lo que pondría en peligro nuestra estabilidad política que es el sustento de la social y económica.

La delincuencia se enseñorea en las calles. Las grandes ciudades están lotizadas. Se cobra cupos a todo el mundo y sin ninguna vergüenza venden espacios en la calle a comerciantes ambulantes quienes obtienen ingresos muy magros y, sin embargo, deben pagar puntualmente su cupo porque si no lo hace lo botan de allí sin que autoridad alguna lo defienda.

Con la gente entrando en una psicología de rebeldía ante tanta ineptitud, secretismo y falta de sinceridad por parte de la autoridad, la gobernabilidad se va tornando muy difícil porque soluciones de la noche a la mañana no hay.

Mejor ni comentar acerca de vacunas porque no tenemos nada y tardará cierto tiempo para establecer los circuitos de frío, entrenar a los que la inoculen, asegurar la correcta manipulación de equipos y que las personas reciban las dosis indicadas y que de una vez por todas los médicos y científicos se pongan de acuerdo sobre su eficacia y efectividad.