Como no podía ser de otra manera, el inexperto, políticamente correcto y menguante presidente Sagasti continúa en nada. Deja transcurrir problemas vertebrales del país, cuya falta de atención continuará generando una estremecedora espiral de amenazas para la sociedad. Por ineptitud, temor, connivencia con su predecesor, o por lo que fuere, Sagasti es la escolta de Vizcarra. Recordemos que durante 962 días la gestión Vizcarra fue respaldada incondicionalmente por el partido morado, una de cuyas más prominentes figuras es, precisamente. Sagasti.

Tampoco olvidemos que dicho partido promovió en Lima marchas de jóvenes violentos, sanguinarios decididos a destituir sin razón a Merino. Salvo para reemplazarlo por Sagasti, uno de los suyos. ¡En síntesis, ocurre que por cualquier motivo este relamido personaje NO está gobernando el país! Contra viento y marea sólo practica el laizzez feire et laizzez passer. Todo apunta a que su “misión” será guardarle las espaldas a Vizcarra y asimismo fraguarle el triunfo electoral a aquel candidatito que salió corriendo de un departamentito donde hubo un incendio -que ocasionaron tanto él como su furtiva y amorosa pareja- a quien dejó sola en medio del fuego, el humo y los destrozos hechos por los bomberos. Aunque si este pigmeo amoroso no levantara en las encuestas, el rol de Sagasti sería consolidarle el triunfo a otro postor que simpatice con el abyecto Vizcarra y con los moraditos del clan caviar. Hasta el momento, aquellas tramas habrían dado origen al encarnizado putch propiciado por los caviares y el comunismo al denunciar por golpista a Manuel Merino para reemplazarlo por Sagasti. Merino fue ungido jefe de Estado por 105 legisladores, tras vacar de la presidencia a Vizcarra, ya investigado por corrupción, aparte de un cúmulo de inconductas morales que no permitían su permanencia como mandatario.

La más reciente demostración de desgobierno es lo sucedido con la ley de promoción del agro. Vizcarra prolongó sospechosamente la vigencia de dicha norma hasta 2031. Obviamente toda acción trae reacción. En ese caso, más valía prevenir que lamentar. El Ejecutivo debió hacerlo. Sin embargo la mediocridad de gobernantes que tenemos desde 2011 –agravada durante el vizcarrato y estoicamente mantenida por Sagasti- no lo hizo. ¡Como ha informado EXPRESO, sí hubo reclamos! Pero la prensa corrupta los ocultó y los ministros de Trabajo y Agricultura –como todos los ministros, desde que Vizcarra llegó al poder- no tienen idea de qué hacer, menos de cómo hacerlo. Lo único que saben, como recogió ayer este periódico, es contratar multimillonarias asesorías a cargo de los mismos caviares progre-marxistas de siempre, que hacen copia y pega de tesis inservibles. Si a esto sumamos la presencia de uno de los peores congresos que ha tenido el país –mucho peor al anterior- pues la ecuación es terrorífica. El hecho es que la anomia –el desgobierno- reina en el Perú. La gestión Sagasti no tiene una pinche idea de cómo solventar esta crisis nacional. La agitación política, los cierres de carreteras y la violencia social amenazan con agravarse. ¡Ante tamaña irresponsabilidad del régimen Sagasti, esto irá multiplicándose durante los próximos meses!