Los morados fueron derrotados en las urnas, pero ahora nos caciquea uno de ellos, Francisco Sagasti, con su visión nihilista de que todo vale para hacerse del poder y aparentemente con la intención de desintegrar al Perú. Cuando el Congresó vacó al sátrapa Vizcarra, el chiquito mazamorrero Julio Guzmán –presidente del partido de Sagasti– promovió las marchas contra el “golpe”, que en idioma morado significa que otros y no ellos han asumido la presidencia temporalmente y harán lo imposible para tumbarse al atrevido, y así lo hicieron con el acciopopulista Manuel Merino de Lama. Tras embutir al interino por el ojo de la cerradura de la puerta falsa, los morados olvidaron a Vizcarra, al imaginario golpe –descartado de raíz por el Tribunal Constitucional– y empezó este gobierno mediocre cuyo único norte es intentar “la captura del poder por los próximos cinco años con una repartija hambrienta que les permite valerse de sus recursos para llevar ventaja a cualquiera”, como escribió con acierto la doctora Yeni Vilcatoma, ayer, en este diario.

El genial George Orwell dijo que “el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen veraces y respetables y dar apariencia de solidez al viento”, y Sagasti lo sabe, por eso declinó la candidatura a la vicepresidencia por la plancha de Guzmán y quedó tan tranquilo cuando no aceptaron su renuncia. El hombre tiene un plan y nada bueno hará por el Perú, sus fines no pueden ser superiores porque están anclados en su propio proyecto muy probablemente vinculado a su mentor Eric Trist, uno de los fundadores del Centro de Relaciones Humanas del Instituto Tavistock por quien adoptó el marco conceptual de la “teoría de la turbulencia social”, es decir, cómo un escenario artificial de caos impredecible puede usarse para forzar el cambio de paradigmas. Y en eso está, por eso no se le mueve un músculo de ser el segundón de Guzmán, acusado de recibir U$ 400,000 dólares de la corrupta constructora brasileña Odebrecht, un confeso y orgulloso mantenido por su esposa y cobarde escapista de un incendio. El bochornoso incidente del aspirante a la presidencia del Perú, aquí: https://youtu.be/BQxytNI2Zyc

El almirante Jorge Montoya ha lamentado la debilidad del gobierno, mientras ‘los caviares’ copan el Estado, la ultraizquierda activa la conflictividad social y la Policía es rebasada por el vandalismo. En realidad aquí más que debilidad parece haber un plan en marcha para desintegrar a nuestra nación. Según narra el periodista Alejandro Capcha Hidalgo, “En 1988 mientras trabajaba en el Banco Mundial, Sagasti predijo que Perú se enfrentaba a dos extremos: un baño de sangre con años de matanzas o dividirlo en varios territorios dentro de un país, como el Líbano”. Para desdicha de Sagasti, Alberto Fujimori erradicó pocos años después al terrorismo. ¿Sagasti modificará ahora nuestras fronteras?