En las empresas grandes de la agroindustria de exportación el 95% de los trabajadores son obreros agrícolas formales. Es en las medianas y pequeñas empresas donde el 50% de los trabajadores es informal.

Si las empresas grandes son capaces de absorber el incremento de costos laborales e impuestos que presumiblemente traería la ley que se aprobará sabe Dios cuándo, lo probable es que al menos la mitad de las medianas y pequeñas empresas no podrán hacerlo y quebrarán.

Eso significa que lo probable es también que las empresas grandes comprarán las tierras a las medianas y pequeñas que salen del negocio y habrá, en consecuencia, en la agricultura moderna del Perú una nueva tendencia a la concentración de la propiedad de la tierra en un número menor de manos.

A esto décadas atrás se lo denominó con el término peyorativo de latifundio.

Visto así, un poco fría y cínicamente, este es, como decía el presidente Prado, uno de esos problemas que no tienen solución o que se arreglan solos. O, más bien, un problema que, al no tener solución legal, no le queda más remedio que arreglarse solo.

En lo inmediato, toda la industria agroexportadora del Perú gira en el vacío legal. La ley anterior fue derogada por el Congreso en un arrebato histérico. Y, por supuesto, este Congreso –que parece una asamblea universitaria- ha sido incapaz de producir un nuevo marco legal para la industria principal del agro. Y no sabemos si podrá hacerlo en un plazo previsible.

De modo que la agroindustria exportadora del Perú ha pasado de una semimodernizada a una situación en la que por el momento lo único que puede hacer son acuerdos privados en cada empresa, entre sus trabajadores y sus empresarios, ya sea para seguir con el régimen anterior hasta nuevo aviso o improvisar un esquema transitorio hasta que exista una ley.

Pero hoy es un mercado que debe funcionar sin ley. Más libre no puede ser un mercado sobre la faz de la tierra.
No importa qué es lo que se proponía la izquierda violentista con su brutalidad, eso es lo que ha conseguido en lo inmediato. Y, como se ve ya, en un plazo relativamente corto conseguirá una nueva concentración de la propiedad de la tierra en un número menor de manos. Chanfles.

La buena noticia es para los trabajadores, ya que si las grandes empresas concentran la propiedad de la tierra, los trabajadores de la agroindutria, ahora sí, serán todos formales.