Palabra existencial, que se encuentra introyectada en la naturaleza del ser humano, que significa una actitud frente a la vida, de ejecutar una acción elaborada en el pensamiento e importa satisfacción o no, pero demuestra las decisiones que asumen las personas para avanzar en la vida.
El después es, el hoy y no el mañana, se refiere al que algunos individuos dejan de hacer las cosas para después y nunca lo hacen, porque han desarrollado una personalidad inmadura, desalentadora, conformista, relega a otras personas sus deberes y obligaciones, muchas veces justificando que no tienen tiempo, pero la verdad de todo son sujetos sin motivación, para ellos no funciona el dicho “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. El hoy y el después nunca llega, solamente está en la imaginación; y para que llegue al pensamiento y se actúe, hay que desbloquear las trabas psicológicas que poseen los individuos, para que tomen conciencia de lo importante de tomar decisiones para bien o para mal, asumiendo los retos de la vida misma.
Las trabas emocionales, por lo general, tienen su origen en el modelo familiar, es donde se construye y forma la personalidad, comprendiendo los hábitos, costumbres y responsabilidades que se van asumiendo de acuerdo a la edad de su desarrollo. Estos comportamientos se van perfilando desde la niñez, su aspecto físico, la forma de vestirse, el aseo, el carácter, cómo se organizan de acuerdo a su edad, si es responsable con las tareas de la escuela, si cumple con los compromisos asumidos, como dar su palabra, llegar a la hora a las citas y no llegar tarde, buscando excusas inexistentes.
Si los hijos observan a sus padres pro activos, se levantan temprano, se organizan con las actividades que tienen que realizar, son cumplidos en sus compromisos y obligaciones, saben respetar al prójimo y ayudarlos cuando es necesario, están internalizando en los hijos hacer responsables de acuerdo a su edad y tengan la seguridad, que el después es el hoy.
Caso contrario sucede, cuando los hijos se percatan que los padres son flojos, ociosos, haraganes, no cumplen con sus compromisos asumidos, donde la palabra se cumple, mañana, tarde y nunca, jamás vamos a tener como resultados hijos maduros, sino todo lo contrario con un mal pronóstico, donde todo lo relega para otro día que nunca llega, desleales con sus compañeros, mentirosos, deficiente rendimiento en la escuela, indisciplinados y buscan parejas con ese perfil, porque es lo que han aprendido, ellos no son responsables, porque los hijos no escogen a los padres, ni los padres escogen a los hijos.
En estos casos, de hijos con mal pronóstico tienen que ingresar a programas de cambio de actitudes, en unión de los padres, porque de nada sirve que los hijos cambien sí cuando llegan a su casa siguen viendo el inadecuado comportamiento de los padres, que, en lugar de reforzar las buenas actitudes de los hijos, sucede todo lo contrario, hay que dejar el orgullo y ser humildes por el bien de los hijos en formación de su personalidad.

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