El 6 de julio se “celebra” el “día” del maestro. La palabra es un decir porque me resulta imposible imaginar que en un país como el nuestro, celebremos realmente a los maestros. De qué celebración podríamos hablar en un espacio donde el Estado continúa de espaldas a ellos, a qué celebración podríamos referirnos si es tanta la desatención que sus gremios son asolados por luchas fratricidas, a extremos que el Sutep o Derrama Magisterial lidian, en este momento, con las sombras de Sendero Luminoso, travestido en el Movadef o en radicalismos que deberían llamar no solo nuestra atención sino la del Minedu que es quien, en lugar de defender “las luchas reivindicativas” por la orientación de género y tantos otros “puntos de luz” de la izquierda caviar, ha olvidado la función de entregarle a los estudiantes una nueva currícula que reincorpore, en un 60%, a las humanidades.

Necesitamos jóvenes que sepan leer la historia, que se conmuevan con las grandes transformaciones de la humanidad, que reflexionen sobre cómo enfrentar los retos de una civilización en decadencia. Necesitamos una generación cuya formación le permita reorganizar el futuro lejos de la hegemonía del capitalismo caníbal y de los socialismos trasnochados que fracasaron en todas partes. Ojalá este 6 de julio recordemos al menos en nuestras casas a esos maestros que entregaron sus vidas por el más generoso de todos los oficios. Y que nuestro Mariátegui, Encinas, Riva Agüero, Javier Prado, Sánchez, Porras o Basadre iluminen con responsabilidad y sabiduría a quienes ahora tienen en sus manos la revalorización del magisterio.

Si alguna certeza nos arroja la experiencia es que jamás vamos a lograr recuperarnos de la crisis si continuamos teniendo maestros mal pagados y programas obsoletos en una época de revoluciones donde la velocidad de la información determina quién gana o pierde en la pelea. La “nueva modalidad” exige otra dinámica y otros hábitos en la sagrada misión de compartir clase, de pie, al costado de una pizarra o, sentado, frente a una pantalla. Solo así, mereceríamos celebrar el día del maestro.