El drama migratorio y la seguridad nacional

El drama migratorio y la seguridad nacional

Chile ha militarizado sus fronteras ante la avalancha de inmigrantes ilegales, provenientes de Venezuela, Bolivia, Haití y Colombia. Pese a que el gobierno de Boric es comunista su política exterior prioriza la seguridad nacional. Eso mismo debemos exigirle con urgencia a Dina Boluarte.

En nuestro país durante el breve gobierno de Kuczynski se cometió el gravísimo error de decretar la política de puertas abiertas bajo la presión del gobierno norteamericano y el globalista Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Así, entre los años 2016 – 2019 llegaron al territorio nacional alrededor de un millón ochocientos mil venezolanos que huían de la tiranía chavista, justificándose en una real y objetiva crisis humanitaria.

Pero los peruanos cometimos un grave error: fuimos incapaces de articular una política migratoria ordenada. Admitimos a los extranjeros sin filtros, es decir que no exigimos documentación mínima, antecedentes penales y un empadronamiento coherente de las unidades familiares. Tampoco planificamos su distribución territorial para ubicar a los venezolanos capacitados allí donde podían ser útiles y no deportamos a los delincuentes. Terminamos generando un submundo de espanto en el cual por mandato constitucional todos tenemos los mismos derechos, pero aquellos foráneos que carecen de documentos entran al mercado informal de trabajo o directamente son desviados a amplias redes de prostitución, delincuencia y mendicidad.

Al día de hoy los venezolanos venidos al Perú apenas han disminuido: quedan alrededor de un millón y medio, de los cuales aproximadamente 250 mil son solicitantes de refugio legal, 500 mil tienen permiso de trabajo y residencia, pero 750 mil están en la ilegalidad.

Claro, hubo razones humanitarias para la recepción inicial, pero el caótico Estado peruano ha convertido el drama migratorio en un infierno para todos; y hoy hay nuevas olas de migrantes por la quiebra financiera de Bolivia y de Argentina y por el recorte progresivo de libertades en Colombia. Brasil es firme y permite a extranjeros a cuentagotas, Chile los está expulsando masivamente hacia el Perú y lo mismo hace Ecuador. Por tanto hay una bomba de tiempo que nos amenaza.

En el caso de los aimaras complican su situación por su accionar separatista y radical en Puno. Además se sabe del azuzamiento del G2 cubano que usa a extranjeros para endurecer la subversión terrorista en el Perú. Frente a este riesgo geopolítico y de seguridad nacional necesitamos políticas de Estado claras, enérgicas y contundentes. No hay espacio para vacilaciones.

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