Tal vez la principal razón de todos los males de nuestro país estribe en la medianía de sus instituciones. No necesariamente por la inconsistencia de sus leyes orgánicas y/o por la pobre redacción de sus estatutos, sino por la intrínseca fragilidad de las mismas entidades motivada por la vulgaridad y/o trivialidad de la mayoría de sus autoridades designadas, a su vez, por gobiernos de mediocre para abajo. Nos referimos entonces a la irresponsabilidad de la sociedad que, preferentemente, ha votado por gobernantes carentes de un debido profesionalismo, de sólidos valores morales y de una acrisolada personalidad como para representar y servir al ciudadano, quien es la principal razón de ser del Estado y motivo de su existencia y buen funcionamiento.
Una de esas instituciones es el Tribunal Constitucional. Un órgano nacional de capital importancia para nuestro Estado de Derecho que, lamentablemente, está conformado por ciertas personas que, en rigor, sólo representan a las fuerzas políticas que forman el poder Legislativo a las cuales –consideran- deben su designación. Este vicio motiva que esos tribunos politizados algunas veces no sentencien constitucionalmente según ordene la carta, sino de acuerdo a lo que mande la consigna política de sus padrinos electores en el Congreso. El quid entonces es que la designación de los tribunos nace de un vicio insalvable: la llamada repartija del poder que pactan las fuerzas políticas de acuerdo a la proporcionalidad y algunas veces hasta a alianzas anti natura entre ellas. Este defecto, amable lector, acaba imponiéndonos a personajes impresentables, como uno que otro que vemos aparecer casi a diario en los medios decididos a politizar sus fallos y, consecuentemente, a quebrar la razón de ser de este Tribunal.
En ese sentido, así como la zurda endiosó a los tribunos que votaron a favor cuando el TC falló señalando que Vizcarra no dio un golpe de Estado al clausurar el Congreso -y demonizó a quienes se pronunciaron en contra- pues hoy que el TC -formado por los mismos tribunos- dice que NO hubo golpe del poder Legislativo al vacar a Vizcarra, la izquierda invierte su rol demonizando a quienes votaron sí en mayoría y aplaudiendo a los suyos en minoría que votaron no. La claque roja cree que el TC debe votar como ordenen la grita callejonera y los termocéfalos que incendian calles, empujados por la mancha comunista que patrocina el cartel mediático hoy esclavo del progre marxismo. Pero esto sucede porque nuestro Tribunal NO está conformado exclusivamente por constitucionalistas, con alto sentido de la responsabilidad, la honestidad y verdad. Y quizá lo más delicado que estamos viendo del TC sea esa degeneración de sus competencias por parte de ciertos integrantes. Caso concreto, la presidente del mismo y el tribuno Eloy Espinosa que relativizan, mediatizan y politizan sus decisiones según la calentura de la poblada y sus predilecciones ideológicas.
Dios ilumine a los peruanos al votar por sus gobernantes –presidente y congresistas- en 2021. El futuro Parlamento elegido deberá designar a seis tribunos en reemplazo de los que permanecen con su nombramiento vencido.