Según fuentes consultadas, el confinamiento anunciado por Sagasti se prolongará por más de 15 días. Igual ocurrió con Vizcarra. Ambos utilizan tramposamente el término cuarentena. Lo que vive el Perú son prisiones, esto no ocurre en ninguna parte del planeta. La ministra de Salud declaró que este encierro es menos inhumano que con Vizcarra porque tendremos una hora diaria para salir a la calle y hacer deporte, cuando la gente necesita trabajar.

Cree que cinco personas viviendo en un pequeño cuarto pueden permanecer 23 horas encerradas. Ni en el régimen carcelario más duro. Lo dice una médica que conoce del cuerpo y del estrés. Obviamente no se respetará. Con el corrupto de Vizcarra el enclaustramiento no disminuyó el avance del coronavirus. Fuimos el país con más muertos por millón del planeta, un genocidio.

Igual será ahora. Ocurre que cada vez que inútiles gobernantes ven que la pandemia se descontrola por su incapacidad, la única ‘solución’ es meternos al clóset como si fuéramos animales. En dos meses del (des)gobierno de Sagasti no ha podido avizorar que las marchas contra Merino abrieron un boquete que infectó a gente joven de coronavirus e inició la ‘segunda ola’.

Perú es el único país del mundo donde la gente llora y suplica por oxígeno, y el régimen es indiferente ante la desesperación y la angustia de los familiares. Habría que inventariar cuántas personas han muerto por ello. Qué (des)gobierno tan desastroso que repite la macabra ceremonia de la búsqueda de oxígeno al igual que con Vizcarra.

Nuevamente no hay camas UCI, faltan 1,300 según el doctor Jesús Valverde, presidente de los médicos intensivistas. A cualquiera bien intencionado le dan la tarea y lo hace. Sagasti y su ministra no. Ya no hablemos de la falta de respiradores que también es dramática.

La empresa KPC Biotech ofrece vendernos entre 55 y 22 millones de dosis de la vacuna AstraZeneca a 7 dólares y tenerlas en 15 días, pero el régimen la ‘chotea’. No sabemos cuánto costó el medio millón de vacunas chinas Sinopharm –dicen es secreto de Estado–, menos si llegarán los 22 millones de vacunas anunciadas; aún no se apoquina un dólar por ello. O sea no nos vacunaremos.

No se usan pruebas moleculares para saber dónde está el virus y poder ir aislándolo. Lo más fácil para Sagasti y compañía es encerrarnos. La economía sufrirá enormemente, la informalidad se incrementará. Encima a quienes ‘incumplan’ este régimen y circulen los llevarán a “centros de retención”, aunque ni siquiera tenemos hospitales suficientes para atender a enfermos de coronavirus.

El delito de lesa humanidad es claro. El encierro será largo. A decir del doctor Valverde, viene la semana más negra de la historia de la medicina en el Perú. Le creemos. El gobierno no velará por nosotros.