Un post, que circula, señala lo siguiente: “Hoy solo tengo palabras de reconocimiento y aliento para ustedes. Hoy, 28 de julio del 2020, declaro que nada nos derrotará, que al final prevaleceremos, y cuando la posteridad en días mejores recuerde este momento de la historia, dirá que nunca nos rendimos y que sembramos las semillas de un Perú mejor”. Firmado: Martín Vizcarra. Obviamente se trataría de una arenga electoral, tal vez no redactada por el aún mandatario sino por un equipo de operadores contratados para lanzar su candidatura ante una eventual postergación de los comicios. Apelarían, sin duda, al viejo aforismo del “todo tiempo pasado fue mejor”, intuyendo los tiempos de fronda que asoman detrás del malestar social que, de manera arrolladora, viene desatando la miseria general instituida a consecuencia de la quiebra de la Economía por culpa, precisamente, de la infame gestión de Vizcarra que ha enmarañado el país. Pero como está demostrado –por la mendacidad como doctrina instituida por Vizcarra– quien mienta en este país saldrá impune, y las masas asimilarán sus embustes incluso con ferviente fascinación. Sino miremos a Toledo, sermoneando que “mi misión como mandatario es erradicar de raíz la corrupción”; o al corrompido Humala, persiguiendo a Alan García llamándole corrupto; o a Kuczynski, mendigando el voto centroderechista mientras pactaba con Humala y la progresía marxista; o a Vizcarra mendigando apoyo de Keiko para que removiese a Kuczynski y lo ubicara a él en la presidencia. En todos esos casos –según sondeos preparados por los áulicos sobornados por palacio con su dinero, amable lector– “el pueblo” aplaudió a estos mitómanos profesionales. Al final del día, el peruano acaba presumiendo que la mayoría de sus semejantes respaldan al mandamás de turno, y apelando a la letra de la canción del Congorito termina diciendo “todo el mundo apoya, caramba, apoyo yo también”. Manejo de masas, le llaman.

Esa candorosidad del ciudadano es la mayor desgracia del Perú. Y evidentemente, es consecuencia de esa infame Educación Pública que inculca el Estado, emasculándole al estudiante su capacidad de discernimiento convirtiéndolo en una persona vulnerable ante cualquier impulso que atraiga su atención y desarraigándolo para comprender las entrelíneas que transmiten las mentiras que proclaman quienes manejan o aspiran a manejar el poder. Y es esto último lo que nos ha traído a la actual situación de caos, como resultado del sistemático engaño de los candidatos a presidente de la República y/o congresista al momento de postular en las elecciones, fingiendo de estadistas sin estar mínimamente capacitados para desempeñarse como tales. Pero, asimismo, esta tara adquirida por la mayoría de politiqueros es el origen de tantas malas gestiones de gobierno que, sostenidamente, han venido hundiendo al Perú. Sin ir muy lejos Humala y PPK conquistaron la presidencia traicionando a sus electores, y Vizcarra engatusó al Congreso –a llamada Representación Nacional– haciendo que lo elija presidente para después clausurarlo. Rechacemos que advenedizos y/o bribones sigan pidiéndole al pueblo que vote por ellos ¡El 2021 meditemos bien a quién endosarle nuestro poder! Convirtamos esta idea en una cruzada.