Uno de los peores errores que comenten los mal llamados “estrategas” de la comunicación gubernamental local es pensar que ésta puede reducirse a simples planes de prensa, como si defenderse de periodistas incómodos fuese suficiente para darle solución a los problemas de incapacidad de gestión o de falta de posicionamiento.

Vamos por partes. El ADN periodístico es uno que funciona en modo reactivo, defensivo, uno que siempre estará pensando cómo repeler los ataques de aquellos periodistas que buscan dar a conocer los flancos débiles, las contradicciones y los errores del funcionario público, acciones que puedan convertirse en “noticia” (información sobre algo que impacta negativamente en el ciudadano). ¿Conoce usted algún periodista que dé buenas noticias y tenga rating?

El ADN marketero, por su parte, es uno que funciona en modo propositivo, en modo usuario, uno al que no le importan las portadas de los diarios, sino que el ciudadano haga uso de los programas que el Gobierno despliega en su favor como políticas públicas.

Lamentablemente, ambos ADN están divorciados en los cerebros de quienes lideran las oficinas de comunicación del Gobierno. La principal razón es porque los periodistas a cargo no fueron formados para hacer marketing y por eso solo saben defenderse. La otra razón es que los comunicadores, que tampoco fueron formados para el marketing, no ven que la imagen sea más poderosa que la prensa, y terminan siguiendo los consejos de los periodistas.

Esto explica, por ejemplo, el último desliz del ex jefe de comunicación del Ministerio de Salud, quien a pesar de su experiencia, confundió ambos ADN en su estrategia de comunicar la vacunación del adulto mayor. No se le ocurrió mayor barbaridad que invitar a la madre de un periodista de oposición para ser vacunada “antes de tiempo” (poniendo en evidencia un privilegio), creyendo que la influencia del periodista se transmitía por arte de magia, de persona a persona, por generación espontánea, casi casi como se transmite el virus hoy. Esta confusión de niveles estratégicos no puede tolerarse hoy a estos niveles de gobierno.

Lo que más preocupa es que esa fotografía se repite en todo nivel de gobierno. Y no parece importar mucho a nuestras autoridades. Como si aún no descubrieran que la comunicación estratégica es fundamental para asegurar una gestión eficiente y sostenible. ¡Se requiere una profesionalización de los DIRCOM públicos ya! ¡Es impostergable!