En casi todas partes del mundo los intelectuales son valorados con una mayor estima y prestigio que muchos políticos, en razón de que representan ideas e ideales aceptados por su colectividad, que, por lo general, trascienden incluso fronteras. Por ello debo profundizar, lo que adelanté en mi anterior columna, sobre la posición que adoptaron con cara a las elecciones, y la crisis política, los principales pensadores y escritores vigentes en el Perú,
Un aporte significativo es el de Francisco Miró Quesada Rada, quien puso al alcance del público, análisis concienzudos sobre las diversas ideologías que se pusieron a debate. En tanto los diplomáticos Oswaldo de Rivero, Óscar Maurtua y Manuel Rodríguez nos mantuvieron informados sobre la importancia de los acontecimientos mundiales para nuestro país. Asimismo, otros jóvenes internacionalistas estuvieron en el mismo esfuerzo al recordarnos temas de relieve para nuestros intereses permanentes, como el del Medio Ambiente
Escritores laureados, que es el caso de Cueto, Tola, Cisneros, Roncagliolo, mantuvieron una sabia distancia de la propaganda partidaria. Así, lejos de dejarse arrastrar por pasiones de extremos, favorecen hoy consensos centristas.
Mis amigos Mario y Álvaro Vargas Llosa lucieron su amplio caletre, al lograr que la candidata de la derecha no se librara del calificativo de ser un mal, categoría ética en que cada uno queda libre en interpretar si es menor o mayor. Más allá de ello, obtuvieron –culminando la genial obra Travesuras de la Niña Mala- que ella pida perdón ante un Vargas Llosa en Arequipa. Para hacer la obra tan perfecta y entretenida, como nos tiene acostumbrado el Nobel, llevaron de testigos a una pareja de conocidos venezolanos radicados en Madrid, “para que todo el mundo se entere”. Más allá de la sutileza, los Vargas Llosa dejan para el intelecto más selecto una lección de maestría. Lo importante, en el campo político, es que fue una reparación por el daño que le causó Alberto Fujimori a Mario, a quien le había birlado la Presidencia en 1990 así como aplicado, con Rafael, el plan económico del Partido identificado con la palabra Libertad.
Eduardo Gonzales Viana, desde su cátedra en una prestigiosa universidad estadounidense, apoyó la candidatura de Pedro Castillo, con razonables argumentos. A él le tocaría ahora, conciliando posiciones, complementar lo que lograron los Vargas Llosa, es decir, que el perdón de la candidata sea sincero y se manifieste en reparación del daño causado a muchos, como a los integrantes del servicio diplomático.
La postura de los intelectuales peruanos y profesores universitarios de prestigio internacional como Vergara, o Hugo Neira fue aún más gravitante, para que, con su prestigio, se pudiera evitar que las parcializadas opiniones -con el método de crear miedo- polarizaran aún más a nuestra sociedad, que en tiempos de pandemia necesita más que nunca de franca y consciente solidaridad.
Escribo estas líneas cuando el presidente Biden de los EEUU está buscando un encuentro con el presidente de Rusia en Ginebra, y el incuestionable defensor de la democracia en el Mundo aclara que los enemigos del sistema que privilegia el Occidente son las autocracias. En tanto que en el Perú hay todavía quienes esparcen la idea –no actual en el mundo- que los comunistas son los enemigos de la democracia.
La buena información, así como la inteligencia serán las bisagras para lograr la conciliación que tanto necesita el Perú, país bicentenario que debe presentarse en el escenario internacional con un pueblo unido. Solo con mentes claras se puede construir sólidas relaciones, de buen entendimiento, con otras naciones.
Para concluir, recuerdo el título de mi anterior columna: Respeto e imparcialidad.

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