El establishment ha decidido apostar por la continuidad de Martín Vizcarra en el manejo del país, parte de él, el gremio de gremios empresariales, Confiep, ha dicho en comunicado oficial que lo hace “por la estabilidad política, social y económica del país”.

El apoyo a Vizcarra y su equipo, de pésimo desempeño en el manejo de la pandemia del Covid y de la economía, que es noticia mundial, se ha ido dando a medida que se veía la evolución de los hechos. No fue una reacción espontánea, desde el mismo día jueves pasado cuando se hizo la denuncia en el Congreso, lo que hubiese tenido una gran legitimidad principista, independiente de la postura que tomasen. Lo mismo ha ocurrido con la mayor cantidad de agrupaciones políticas de larga trayectoria en el quehacer nacional.

Al fin de cuentas el mensaje que han enviado es que más confían en Vizcarra que en el presidente del Congreso, Manuel Merino, que podría haber constituido un gabinete ministerial de consenso, y conducir los destinos del país hacia una elección transparente en los próximos siete meses. El tiempo corto es un mal pretexto, olvidan que cuando Valentín Paniagua tomó el poder en noviembre del 2000 quedaban tan solo cuatro meses y días para una elección presidencial.

En esta lógica de pensamiento, la ministra de Economía y Finanzas, María Antonieta Alva, haría un buen desempeño en los próximos 10 meses. Más de un ex ministro de Economía ha manifestado más de una vez que no hay rumbo en la política económica. Los 10 meses que le faltan de gestión no es poco, han bastado solo 6 para que el desmanejo la haya llevado a tener que elevar para el 2021 el endeudamiento en 12% del PBI.

En el terreno de la confianza por la estabilidad política, los que han decidido apoyar al régimen están convencidos que las próximas elecciones serán manejadas con pulcritud, sin malas artes, despojada de cualquier interés del gobierno que se supone saliente, hoy señalado en diversas causas, cuya judicialización dependerá del antejuicio político de un próximo Congreso.

En los próximos tres meses tendremos señales para saber si el establishment acertó o desacertó, como en el año 2000, cuando apoyó la segunda reelección fujimorista que duró 4 meses, dando paso a una transición.