El Estado de papel

El Estado de papel

El último libro de Daron Acemoglu y James Robinson, “El corredor estrecho”, no ha tenido tanta repercusión como el anterior, “¿Por qué fracasan los países?”, pero es igualmente interesante y sugerente.

La tesis de los autores, sustentada en estudios históricos de muchas sociedades, es que los países exitosos son los que logran transitar por un estrecho pasillo que tiene, a un lado, un Estado (Leviatán) todopoderoso y asfixiante y, al otro, una sociedad sin Estado.

El equilibrio ideal, la manera de entrar al pasillo, es que crezcan simultáneamente el Estado regulador, que ofrece seguridad, y la sociedad civil que limita al Estado e impide que se convierta en un Leviatán autoritario.

En síntesis, «un Estado fuerte es necesario para controlar la violencia, hacer cumplir las leyes y proporcionar servicios públicos que son cruciales para una vida en la que las personas tienen poder para hacer elecciones y luchar por ellas. Una sociedad fuerte y movilizada es necesaria para controlar y encadenar al Estado fuerte (…) los controles y contrapesos no resuelven el problema porque, sin la vigilancia de la sociedad, las Constituciones y las garantías no valen mucho más que el pergamino en el que están escritas. (…) Encastrado entre el miedo y la represión que infligen los Estados despóticos y la violencia y la anarquía que surgen en su ausencia, hay un pasillo estrecho hacia la libertad».

En este esquema, América Latina y África se encuentran en la peor de las situaciones, con sociedades civiles debilísimas y Estados de papel (parafraseando la frase de Mao, “el imperialismo es un tigre de papel”), que se resume en “poco poder social, poco poder estatal, pero aun así despótico.”

“Así, este Leviatán de papel tiene algunas de las peores características de los leviatanes ausente y despótico. En la medida en que tenga algún poder, es despótico, represivo y arbitrario. Básicamente, la sociedad no lo controla y él intenta mantenerla siempre débil, desorganizada y desconcertada. Da a los ciudadanos escasa protección ante el estado de guerra (…) Esto se debe a que el Leviatán de papel no se preocupa por el bienestar de sus ciudadanos y sin duda tampoco por su libertad. Pero también se debe a que carece de la capacidad para hacer mucho, quizá con la salvedad de enriquecer a las élites políticas al mando.”

La conclusión: “El Leviatán de papel no sólo ha sido malo para la libertad. También ha sido un desastre para la prosperidad económica.”

Finalmente: “De modo que el peaje del Leviatán de papel en Latinoamérica y África no ha sido sólo el miedo, la violencia y la dominación constantes de la mayoría de ciudadanos, sino una economía plagada de corrupción y organizada de manera ineficiente que muestra poco crecimiento. La prosperidad, así como la libertad, tendrán que esperar.”

En el Perú, en las últimas décadas, tuvimos algo más de prosperidad y de libertad. Hoy, ambas están nuevamente decayendo.

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