Desde la década de los ochenta comenzaron a organizarse muchas oenegés en todo el mundo, especialmente en los países en vías de desarrollo o en aquellos sumergidos en el peor caos político, económico y social con una pobreza extrema, humanamente inaceptable.

Se involucraron en todos los espectros de la vida política, económica y social del país, organizando comunidades, impulsando el saneamiento físico y legal para la formalización de la propiedad, forjando asociaciones de productores agropecuarios para mejorar sus cultivos y técnicas y tener capacidad exportadora, asumiendo la defensa de los derechos humanos, del medio ambiente, de la salud de la población, de las relaciones entre la población y el gobierno, entre otros.

Nadie se percató del inmenso poder que los respaldaba pues eran los brazos operativos de los entes supranacionales de control de los Estados en relación con los derechos humanos que, en realidad, son todos los derechos.

Poco a poco los Estados fueron siendo maniatados en sus potestades de gobernanza y gobernabilidad por actos de los entes supranacionales y cada día las oenegés preparaban sus cuadros operativos y progresivamente los fueron infiltrando en la estructura estatal para actuar como verdaderos caballos de Troya.

Su poder se fue haciendo cada día más evidente al contar con un enorme financiamiento cuyos orígenes no han sido esclarecidos del todo, que les permitió formar colectivos de protesta, estar en todos los eventos de movilización poblacional contra muchas decisiones estatales, formar grupos de prensa con gran tecnología y alcance llegando a liderar y controlar la emisión de noticias imponiendo sus propios análisis y muchas otras actividades de intervención en la estructura estatal.

Llegó el momento en que decidieron tomar el poder político porque ya tenían el control social y comenzaron a influir abiertamente en la elección de sucesivos gobernantes, pero empezando ya a tener el control de grupos, movimientos y partidos políticos.

Actualmente, no es novedad que, a través del Partido Morado, aliándose con la izquierda radical, tengan ya en sus manos el Ejecutivo y Legislativo. Lo curioso es que son los mensajeros de la ideología de género, del aborto y demás objetivos que contradicen la doctrina cristiana y, sin embargo, cuentan con el apoyo del clero en una relación que nadie entiende y tampoco nadie quiere darse cuenta que no van a dejar el poder. Parece que el nuevo orden ya está instalado en nuestro país.