Era un secreto a voces que el premier Zeballos había perdido el control de la relación con el Parlamento. Que el cargamontón congresal para interpelar a cuatro ministros en simultáneo era una clara señal de su desconexión política. Que su prolongado silencio y forzados intentos por colgarse del manejo sanitario y económico fueron insuficientes para dotarlo del oxígeno necesario que le permitiese sobrevivir el último año de gobierno.

No hay otra explicación para entender este brusco cambio de timón en el perfil del nuevo gabinete. Modificar el sesgo de centro izquierda hacia el centro derecha en un momento tan crítico no es fácil. Requiere instinto político, cabeza fría y capacidad innata para la sobrevivencia, cualidades que caracterizan al presidente Vizcarra, quien muta sin perder el control.

En esta perspectiva, la designación de Cateriano no es una mala elección. Oficio gubernamental tiene de sobra. Sin duda, el perfil adecuado para sobrevivir, para no agudizar contradicciones, para volver al statu quo, aunque eso sea imposible después del Covid-19 y una cuarentena que dejó mal herida a la economía de mercado formal.

Lo cierto es que no estamos tan seguros de que sus buenos oficios para el diálogo y la concertación lleguen a buen puerto. No porque él y su equipo no tengan las mejores intenciones, sino porque la crítica situación de emergencia y la necesidad de cambiar radicalmente nuestros hábitos de conducta requieren un espíritu más disruptivo e innovador. Me temo que el factor conservador que acompaña hoy al premier y a sus nuevos ministros termine siendo contraproducente.

Ojalá nos equivoquemos y Cateriano marque una diferencia respecto a las gestiones anteriores. Que salga de la inercia a la que nos tiene acostumbrada esa casta de burócratas insensibles que gobiernan hoy de facto, con su indiferencia hacia el ciudadano. Y tendrá que romper fuegos con esas voces autoritarias que rebuznan a diario solicitando reactivación económica por sobre todas las cosas, por encima de genuinos derechos laborales y ambientales (no los que camuflan las mafias sindicales y las que trafican con terrenos), por encima del derecho al libre emprendimiento que tienen los sectores emergentes.

Hoy más que nunca necesitamos nuevos actores que generen riqueza con plena competencia. No tiene ningún sentido seguir protegiendo los privilegios de unos pocos a costa de sacrificar el libre mercado, porque habremos hipotecado nuevamente el futuro.

Así vienen haciéndolo nuestras élites políticas y empresariales las últimas décadas.

¡Basta de abuso! Ojalá este nuevo debut de Cateriano tenga un enfoque distinto, de manera que su gestión siente las bases de una verdadera revolución capitalista en el Perú. De otro modo, solo continuaremos escribiendo nuestros libros de historia con relatos de más y más derrotas.

Su prioridad es finalizar el mandato, manteniendo a raya –en la medida de lo posible- a los grupos de poder que se enfrentaron con él cuando cerró el anterior Congreso.