El fatídico once de septiembre y la diplomacia peruana

El fatídico once de septiembre y la diplomacia peruana

Septiembre 11 es en la historia moderna una fecha fatídica en varios hemisferios del planeta. En 1944 murieron cerca de cinco mil personas en un bombardeo a Darmstadt, Alemania. En este acto de terror fueron víctimas, en su mayoría, niños y mujeres en una ciudad poblada de civiles que no era objetivo militar. Recordamos asimismo que fue un 11 de septiembre en que los Estados Unidos de América sufrieron un repudiable acto terrorista de gran envergadura que le costó la vida a cerca de cuatro mil personas inocentes.

Justo hoy, al cumplirse cincuenta años, debemos recordar el terrorífico ataque aéreo, el 11 de septiembre de 1973, al Palacio de la Moneda de Santiago de Chile. Un general golpista acabó con la democracia chilena que se había constituido como un ejemplo en Latinoamérica. El militar se instaló como presidente por muchos- demasiados- años, apoyado por algunos con charreteras tintas en sangre, rótula quebradiza y espinazo flexible.

Fueron fusiladas mas de dos mil personas; a lo que se suman mil cuatrocientas víctimas de desaparición forzosa, entre ellos, el destacado doctor Hernán Henriquez Aravena. El Derecho Humanitario prohibía atentar contra los que tienen la profesión de salvar vidas, pero los uniformados acabaron no solo con ideales libertarios sino también con la vida del médico Salvador Allende, que fuera elegido en votación democrática.

Sobrevivieron cuarenta mil presos , y se exilió al diez por ciento de la población chilena, gracias al apoyo internacional. La presencia de chilenos se convirtió en un aporte principalmente para algunos países europeos

Es oportuno recordar la valiosa y valiente actitud de la diplomacia peruana. El embajador Arturo García y García, y su equipo de jóvenes diplomáticos, entre los que se recuerda a Carlos Berninzon, lograron salvar vidas de peruanos y chilenos. Desafiaron a la soldadesca y al lumpen coludido con el golpe, con una caravana de automóviles en los que flameaba el bicolor de la bandera peruana. ¡Por la razón y por la fuerza, carajo!, se escuchó cuando los salvados y salvadores llegaron al aeropuerto de Pudahuel .

Recuerdo –porque estuve presente- que, en ese mismo mes de septiembre, a pocos días del golpe, se presentó en las Naciones Unidas, un almirante, con uniforme, como canciller chileno. La sesión de la Asamblea General, presidida por Brasil, tuvo que ser interrumpida por el escándalo que había causado la presencia del representante del golpista. Sentí verdadero orgullo cuando delegados de otros países se acercaron para decirnos, especialmente, al embajador Pérez de Cuéllar “muy valientes los diplomáticos peruanos en Santiago. Diplomacia para la libertad”.

Hoy los que siempre hemos luchado por la democracia debemos reiterar nuestro repudio a todos los actos de terror que se han repetido en varias partes del mundo. Recordarlos, para que nunca se olviden los efectos de la violencia, venga de donde venga, sobre seres inocentes.

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