Los resultados de las elecciones primarias de los 23 partidos políticos que participarán en la contienda electoral de abril 2021, confirman una vez más que estamos viviendo los últimos días de la partidocracia peruana.

Un reporte de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) reveló que apenas 78,037 ciudadanos acudieron a las urnas como parte de la primera jornada de elecciones internas. Eso significa un 4.7% del total de electores hábiles (1’641,788) registrados en la plataforma oficial como militantes; lo que representa el 0.3% de los 25 millones de electores que irán a las urnas, visitando 87,217 mesas de sufragio en 17 mil locales de votación.

Este papelón partidario nos lleva a cuestionar el sistema de representación en su totalidad. ¿Por qué estas organizaciones no seducen a nadie? ¿Tiene sentido que estos cuadros políticos tengan en sus manos el futuro del país? Obviamente NO. Nadie confía en ellos. Nadie cree en ellos. Nadie se atreve a vincularse con ellos.

Tal vez sea momento de proponer un apagón partidario y comenzar la inscripción de nuevos movimientos que respondan a las expectativas de los peruanos. Así, quienes realmente quieran representarnos al mando de los poderes del Estado, tendrán que cumplir reglas de juego distintas y alcanzar otros estándares que garanticen una verdadera representación política.

La pregunta que muchos nos hacemos es quién de los candidatos que hoy existen podría liderar un proceso de esta naturaleza, donde uno de los objetivos sería autoeliminarse a sí mismo como opción partidaria, y comenzar de nuevo. Sinceramente, no veo en este panorama electoral ningún rostro capaz o dispuesto a impulsar semejante cruzada.

Lo cierto es que mientras sigamos vendiéndonos simulacros políticos, dándole legitimidad a unos partidos que hoy no representan a nadie, seguiremos también socavando lo poco de institucionalidad que aún queda en el país, dejando el camino libre para que fuerzas tanáticas hagan de las suyas, e impongan ese ritmo autodestructivo que caracteriza a los antisistema, envenenando nuestra cotidiana convivencia.

Difícil momento el que vivimos hoy, con un débil gobierno de transición que no sabe leer las otras voces la calle, unas que fomentan marchas de ilegales, otras que promueven viejas agendas sindicales, o aquellas que simplemente buscan distraernos, para que otros sigan jugando al margen de la Ley.