El fraude está en marcha. Que no le quepa duda, amable lector. ¡Otra cosa es que tenga éxito!

Veamos. 1) lapiceros fraudulentos que pintan con tinta que desaparece al contacto con el calor, ideales para adulterar las cédulas de votación -sin dejar rastro- y de ese modo beneficiar al postor predilecto del poder fáctico, que no responde al pueblo sino a la componenda; 2) la intentona de Sagasti y su acomodaticio ministro del Interior -primito del zamarro Gino Costa- para instaurar la misma trampa urdida por el acusado por corrupción Humala, quien descaradamente favoreció a Kuczynski -a cambio de “protección”, al estilo Al Capone- tras impedir que voten 200,000 policías y militares so pretexto de un artificioso estado de emergencia; 3) aquella trama de mantener al susto a la sociedad bajo la excusa de una segunda o tercera ola, apelando al agravamiento de la peste Covid producida sin duda por Vizcarra como por Sagasti, al no abastecer oportunamente a los hospitales y postas sanitarias con suficientes plantas generadoras de oxígeno, respiradores mecánicos, camas UCI, etc.; 4) estafar criminalmente a la sociedad peruana no adquiriendo las verdaderas vacunas contra el Covid y obligándola a inmunizarse con un producto bioquímico de efectos aún desconocidos, como son estas -encima escasas- “vacunas” adquiridas a Sinopharm, que todavía no cumplen con las más elementales calificaciones exigidas por los estándares internacionales, tanto que ni siquiera la Digemid las ha convalidado; 5) prohibir la circulación de los vehículos particulares el día 11 de abril, forzando de esa manera al ciudadano a movilizarse en transporte público -foco de contagio- lo que además retrasará la llegada de esos ciudadanos a sus mesas de sufragio produciendo más malhumor entre la población; y 5) finalmente financiar con dinero suyo, amable lector, a la prensa oficialista para que encienda fuegos artificiales con sus encuestadoras a sueldo, a manera de cortina de humo para desinformar y manipular al país, induciendo mediática y psicológicamente a la ciudadanía a votar por los postores de la corrupción a través de sus portada con fotos, declaraciones, sugerencias y sobre todo críticas hepáticas a los candidatos de la oposición. Si esto no es un fraude, entonces todos estamos esquizofrénicos. El Gobierno no quiere elecciones.

No cabe la menor duda. ¿La razón? Conoce que la auténtica encuesta le da el triunfo a la oposición. Y Sagasti, lo mismo que El Comercio y este establishment económico, se aterran de las consecuencias. Prefieren seguir arrullados por la corrupción.

A fecha de hoy, con este régimen tramposo podemos esperar que ocurra cualquier cosa de aquí al domingo 11, día previsto para la elección. Desde que se suspendan los comicios alegando “emergencia sanitaria”, hasta que la tarde/noche del 11/4 asistamos a esa parodia de los flashes amañados por encuestadoras vendidas al establishment asociado al gobierno Sagasti, dando como triunfador a sus candidatos, apelando inclusive al trapicheo de las cédulas de votación y a los demás vicios a los que apelan siempre los tramposos de la izquierda.

Menudo problema en el que se encuentra nuestro país, amable lector.