El fraude nuestro de cada día

El fraude nuestro de cada día

Las autoridades electorales se han ganado a pulso la desconfianza de los votantes, al punto de que los resultados de las elecciones regionales y municipales de hoy generarán sospechas de toda índole. Este fenómeno no es exclusivo de nuestro país sino un mal que se extiende alrededor del globo, tanto en las democracias más sólidas como en las precarias. Cuando no es el pueblo el que protesta por los resultados es el poder de turno el que se encarga de perseguir al vencedor incómodo, aunque lo usual es que por diversas artimañas las autoridades electorales impongan a quien no obtuvo la preferencia de la población. No nos lo tienen que contar.

En agosto, en Brasil, el general que dirige el ministerio de Defensa Paulo Sérgio Nogueira, envió una comunicado oficial urgente a las entidades electorales solicitando que las Fuerzas Armadas tuvieran acceso a los códigos secretos que recuentan los votos de las urnas. Esto porque buena parte de la población sospecha que se cocina un fraude a favor del corrupto expresidente y presidiario Lula da Silva. Sospecha que ha expresado también el presidente Jair Bolsonaro. Hoy Brasil irá incrédulo a las urnas.

En mayo en Alemania, Georg Thiel encargado de supervisar el sistema electoral de su país, dijo a los diputados del Bundestag que las elecciones de setiembre 2021 debían repetirse en seis distritos electorales de Berlín en los que se registraron irregularidades, como cierres temporales por falta de boletas; centros abiertos hasta tres horas después de la hora establecida de cierre, ya conociéndose los resultados preliminares; y miles de ciudadanos impedidos de ejercer su derecho a votar por las interminables colas. “Este tipo de cosas no deberían suceder en un país civilizado”, dijo Thiel ante la comisión de revisión electoral del Parlamento alemán. Imagínense lo que diría acá, donde votan niños, muertos, personas inexistentes y, en mesa, los personeros más duchos hacen lo que les da la reverenda gana. Y pese a toda irregularidad, el Jurado Nacional de Elecciones, JNE, presidido por el maoísta y ex integrante del Partido Pequinés de Arequipa, Jorge Luis Salas Arenas, no procura absolver la inquietud de los partidos y la población.

En las últimas elecciones de Colombia se pidió un recuento de votos que no se realizó. En Cuba y Venezuela las elecciones son un simple teatro: en la isla-cárcel porque hay un solo partido y en la tierra del Orinoco porque está cantado que el dictador Maduro será el “ganador” aunque nadie vote por él.
Las urnas se están convirtiendo en los ataúdes de la democracia. La sospecha en las autoridades electorales enrumba el sistema democrático hacia el pelotón de fusilamiento. Se deslegitima a los líderes electos porque siempre habrá un buen porcentaje de la población dudoso sobre si efectivamente están ante el ganador. Todo esto solo puede llevarnos al desgobierno, la incivilización y al caos.
Hoy abramos bien los ojos.

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