Conforme pasan los días se van conociendo más nombres y detalles del sórdido “Vacunagate” y del presuntamente ilícito tejemaneje tramado para favorecer la negociación y contratación de la vacuna china Sinopharm. Como lo dijo hace más de 40 años Deng Xiao-ping, líder y mentor de la reforma y aperturismo económico que ha convertido a la República Popular China (RPCH) en la superpotencia actual: “¿Qué más da si el gato es blanco o negro? Lo importante es que cace ratones”. Visto lo visto, la “pragmática” Economía Socialista de Mercado modelo chino planificada y a la vez transaccional sirve para hacer todo tipo de negocios sin importar el color del gato, así no sea camaleón.

Sería iluso negar el poder geopolítico y económico alcanzado a nivel mundial por la RPCH y que es hoy el principal socio comercial e inversionista extranjero del Perú. Tiene razón nuestro flamante y respetable canciller cuando advierte que el escándalo de las “Vacunas VIP” y su secuela no debe afectar la valiosa relación bilateral con el coloso asiático. Sin embargo, los indicios apuntan a que la corporación estatal china matriz de la proveedora del antídoto contra la covid-19 actuó de manera indebida promoviendo la vacunación “de cortesía” –además de efectuar sospechosas donaciones clínicas- a fin de obtener ventaja sobre los laboratorios competidores y perjudicándose el oportuno acceso de la población a una mayor inmunización.

El nauseabundo “Vacunagate” ya se investiga en el Ministerio Público y otras instancias y lo menos que el país exige es una pesquisa transparente y sanción para los responsables de este desaguisado. Una cosa es preservar los vínculos diplomáticos e intereses comunes con la RPCH y otra hacer justicia caiga quien caiga en esta deplorable inoculación.

¡AMÉN!